Independiente Medellín afrontó su segundo partido en esta Copa Libertadores sin la presencia de Juan Fernando Quintero, lo que lo aleja de su versión definitiva y puso en evidencia todas aquellas costuras que el 10 pudiera maquillar.

El interminable ancho de la cancha de Emelec precipitó esa gran costura del equipo de Zubeldía: la ocupación de espacios. Marrugo, como de costumbre, acudía hasta los pies de Didier Moreno a pedir el balón, lo que resultaba en dos jugadores ocupando la misma baldosa: una redundancia posicional que fue presa fácil para la altísima presión ecuatoriana.

DIM no tuvo salida de balón

En 45 minutos, el DIM no halló antídoto contra el asfixiante Emelec. Los centrales del poderoso no encontraron en frente una línea de pase que les permitiera librarse de la presión rival. Goma Hernández, educado para llegar, esta vez no supo estar entre líneas. Ni él ni Hechalar, lo que resultó en un equipo partido que perdía el balón muy abajo.

Para la segunda mitad, Zubeldía recompuso el equipo centrando la posición de Luis Carlos Arias, pretendiendo no necesariamente ensamblar al equipo, pero sí robar el balón más arriba y ganar segundas jugadas. Como aferrándose a una ilusión frágil a comparación de los argumentos que mostraba Emelec para ganar.

El paso del 5-3-2 al 4-3-3 dejó mejores sensaciones

Tal como hiciera en la primera mitad, Marcos Mondaini dejó al descubierto que el ritmo de Copa Libertadores le puede a Didier Moreno, quien se desorganizó una y otra vez ante la hiperactividad del mediapunta de Emelec.

Aunque no pudo evitar la derrota, la noticia buena de la noche fue el regreso de Leonardo Castro. Justo cuando más lo necesita, Zubeldía por fin tiene su nómina al completo.

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