En 2016, Atlético Nacional se paseó por el continente jugando un fútbol que, más allá de la calidad de los futbolistas que lo ejecutaban, se tornaba en indescifrable para la mayoría de sus rivales. En fútbol en Sudamérica ha estado marcado en los últimos lustros no solo por la fuga de talento sino también por la inestabilidad de los proyectos y la creencia que dada dicha inestabilidad no se podía o no era rentable la confección de colectivos trabajados tácticamente al nivel de los europeos. Así, en Sudamérica, el fútbol que se jugaba era más simple y más fácil que el que se jugaba en el otro continente, con un desprecio por la ocupación de espacios y por las vanguardias tácticas que limitaban el techo de sus equipos.

La Libertadores 2017 está siendo tácticamente muy rica

Esta edición de 2017 está desmotando esa realidad. Y Nacional, que aunque tiene una estructura y cultura táctica modernísima está teniendo problemas para adaptarse a las altas y bajas de su plantilla, lo está sufriendo. Primero fue el Barcelona de Ecuador con una presión propia del fútbol alemán, y esta vez fue el Botafogo. EL equipo brasileño le dio un trato reverencial merecido a los verdolagas y enfocó su propuesta a neutralizar al campeón de América. Lo hizo jugando un fútbol actual, del que se juega en los mejores campeonatos europeos. Básicamente, el problema principal del fútbol de hoy es ganar altura en el campo porque, a diferencia de otras épocas, nadie la regala. Ya sea con una presión de exuberancia física como la que plantearon los ecuatorianos en la primera fecha, o una como la que presentó Botafogo, que podría explicarse, grosso modo, como defender a setenta metros de la portería de la misma forma en la que se defendía antes a treinta y cinco, y a los centrales como se defiende a los mediocampistas.

Nacional, ahora mismo, no está preparado para algo así. Los puntas del Botafogo defendían a Alexis Henríquez y Francisco Nájera como los mediocentros de los 90s defendían a los Valderrama y Pacheco de la época. El ataque posicional de Nacional, que está teniendo tantos problemas descritos en otros artículos, comenzaba a setenta metros de la línea de gol. Macnelly tenía que bajar a la altura de Arias y Bernal para recibir entre líneas, demasiado lejos todavía de la portería y con muy pocas opciones por delante de la línea del balón como para desorganizar. Con la entrada de Aldo Leao en la segunda parte, Nacional ganó alturas intermedias y creatividad en su circulación de balón, subiendo su ataque uno veinte, veinticinco metros que intimidaron a los pupilos del brillante Jair Ventura. El hijo de Jairzinho optó por retrasar su línea defensiva hasta allí y cerrar espacios en repliegue. Funcionó. Ató cabos, Nacional se partió y con los cambios perdió calidad y poder de amenaza, simplificando las labores de los de ‘La estrella solitaria’. El 2-0 de Guilherme, a la contra, selló una victoria más que trabajada.

Jair Ventura diseñó un equipo conceptualmente de 2017

Jair Ventura tiene 38 años y la cabeza llena de ideas frescas. Su generación ha llegado a los banquillos sudamericanos y esa mano se está notando. Más allá de la calidad, del ritmo, de la inestabilidad, la Libertadores de 2017 está viendo, por primera vez en mucho tiempo, fútbol propio de la época que lo acoge, y aquellos que no recibieron la notificación, o que no han llegado preparados para el reto, están sufriendo. Como Nacional. Y ya van seis puntos perdidos.

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