El Nacional de Osorio tenía un clóset lleno de trajes que lucía de acuerdo al día según la escogencia de su autor; el de Rueda ha tenido uno que le ha servido para todo, días de fiesta y jornadas de trabajo. Y mal no le ha ido. Los títulos que luchó hasta el final los ganó casi todos. Pero eso está cambiando. Ha perdido hilos y botones que daban consistencia a su vestimenta y no los ha sabido o logrado sustituir. El traje que tiene ya no le sirve para todo y, de hecho, ya ha salido mal vestido en un par de ocasiones importantes. Quizás es hora de probar otra ropa.

El 4-3-3 ha sido la alternativa exitosa de Nacional en las segundas partes

Y Rueda lo sabe porque lo ha hecho. La puesta en escena desfavorable se ha repetido ya suficientes veces para que se note y Nacional, en las segundas partes, tras algún cambio, ha mutado a jugar con un sistema distinto, desechando el 4-2-3-1 base e insignia. En el fútbol, los sistemas de juego, per se, no dicen mucho, pero dicen. El 4-4-2 en línea tiene incorporado virtudes y defectos que el 4-2-3-1 no y así con el resto. Lo mismo el 4-3-3, cuya implementación favorece la aparición de triángulos y vértices a diferentes alturas. Justo lo que necesita Nacional para dinamizar su circulación de balón, lenta salvo jugadas inspiradas. Y por eso, cuando Rueda se ha visto acorralado, ha hecho uso de él, bajando a Macnelly, subiendo a Aldo Leao, y abriéndolos a ambos sobre casi el mismo eje, dejando a Diego Arias de pivote único. Con esa disposición, sin necesitar de mucho, Nacional ha logrado mover el balón más rápido y mejor porque la línea de pase diagonal que gana altura en el campo aparece sola.

Más allá de lo que pase esta noche, de si Botafogo decide presionar tan arriba y constante como han presionado los rivales que han dominado al campeón de América, los verdolagas deben comenzar a plantearse si no es mejor dejar de regalar 45 o 60 minutos del partido y salir, desde el pitido inicial, con el traje que mejor está favoreciendo a sus actuales futbolistas, que no encuentran refugio en la jugada que alzó a Nacional en los momentos más difíciles y que el 4-2-3-1 potenciaba por la cercanía de las piezas que la ejecutaban. Y quizás, solo quizás, el espacio que el sistema verde debería liberar no sea el del ‘9’, el del remate, sino el del ’10’, para potenciar al que hoy es su futbolista de más rendimiento: Andrés Ibargüen.

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