Por su excelencia en el juego, el Barça de Pep Guardiola fue el equipo que popularizó la salida balón. Sin embargo, este es un concepto que viene de tiempo atrás. Incluso en el 2006 -antes de comenzar su carrera en los banquillos- Pep elogió a quien hoy en día es la referencia en salir jugando desde atrás: el argentino Ricardo La Volpe.

En su columna en el diario El País, Guardiola –que ya sabía lo que era la salida de balón por su etapa como jugador del Dream Team del gran Johan Cruyff- escribía que Lavolpe “obliga a salir jugando, que no es otra cosa que jugadores y pelota avancen juntos, al mismo tiempo. Si lo hace uno solo no hay premio, no vale. Han de hacerlo juntos. Como lo hacen los novios cuando salen juntos”.

Y es que en esto radica la importancia de la salida de balón: en que el equipo pueda viajar junto a través de la construcción de superioridades numéricas y posicionales desde la línea de fondo con el balón y el pase como vehículos que colectivizan el juego.

Hay diferentes formas de gestionar la salida de balón, pero la salida lavolpiana es la más común en la actualidad (dado que fue la más utilizada por Pep en sus primeros años como entrenador del Barcelona) y funciona así: en una defensa clásica con de cuatro defensas, los centrales se abren a la posición de los laterales, el mediocentro baja a ocupar el espacio entre los centrales, y los laterales suben a la segunda línea, la de mediocampistas, pegados a las bandas. De esta manera, con tres jugadores en la base de la jugada y cuatro por delante, se crean más líneas de pase para que el balón salga y el equipo progrese en el campo. Sin embargo, cuando el equipo juega con línea de tres atrás, no hay necesidad de que se hagan todos estos movimientos, pues de inicio ya los jugadores están organizados para salir jugando.

Este fue el método del que se apropió el Nacional de Juan Carlos Osorio, con una salida de balón similar a la del Real Madrid de Mourinho y Xabi Alonso, en la que creaban hasta tres líneas de pase en alturas distintas en ambas bandas más el posible pase largo al ‘9’, indefendible, por sistema, para sus rivales, eje del dominio verdolaga en los últimos años.

Ahora bien, es necesario desmontar un mito que se repite con frecuencia en el fútbol profesional: la automatización de la salida, que se evidencia en movimientos como la incesante incrustación del mediocentro entre los centrales. Este movimiento solo es necesario cuando hay suficientes jugadores del equipo contrario presionando de tal manera que impidan generar superioridades. Sin embargo, vemos cómo muchas veces el pivote le roba innecesariamente el balón a los centrales y luego no tiene suficientes líneas de pase hacia adelante porque al él bajar a coger la bola, hay un jugador menos adelante para recibirla.

La falla de la automatización se evidencia también cuando el equipo es presionado por más jugadores de los que está habituado. Como los futbolistas se acostumbran tanto a repetir un tipo de movimiento, no saben cómo actuar cuando cambian las circunstancias.

Hablando del Sevilla, Sampaoli comentaba en una reciente entrevista con Jorge Valdano que “tenemos que tener culturalmente niveles de salida que no los definimos nosotros, lo define la presión del rival. Entonces yo no puedo prefijar porque el jugador cuando se prefija tiene una excusa porque se automatiza y pierde el sentido de decisión”. En otras palabras, no se debe automatizar la salida sino enseñarles a los jugadores a entender cómo se generan superioridades en salida para que puedan resolver diferentes situaciones que se presentan, independiente del rival.

Y cuando no se puede salir con toques cortos, se debe salir en largo con una intención, que no es lo mismo que tirar un pelotazo para despejar. La salida de balón por abajo no siempre es la mejor forma de iniciar la fase ofensiva, sino que es un recurso que debe ser utilizado de acuerdo a los jugadores que tiene el equipo y al contexto del partido.

En la actualidad, donde se presiona cada vez más la salida por abajo, a los equipos les cuesta mucho salir jugando, tal como le ha ocurrido esta temporada al Atlético Nacional de Rueda o al Caldas de Hernán Lisi. Es por esto que cabe preguntarse, ¿hacia dónde evolucionará esta fase del juego? ¿Comenzarán los equipos a salir más en largo?

Como dato de cierre, muchos periodistas que califican de “románticos” a los entrenadores que siempre quieren salir jugando, han hecho énfasis en la cantidad de goles que reciben los equipos que insisten en ello. En el 2014, el particular Paco Jémez –que recibió muchos palos por querer instalar el juego de posición en el Rayo Vallecano- afirmó que menos del 5% de los goles que recibió en ese año fueron por errores en la salida de balón.

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