Jaguares de Córdoba está cumpliendo su parte del trato, está compitiendo a mansalva y ahora mismo está fuera de los puestos de descenso. Se trata de un equipo que a partir de la posesión del balón quiere crecer en el campo, ganar en el resultado y gustar en el juego. Todo lo hace a partir de la pelota, tanto en ataque como en defensa. De hecho, su entrenador, Hubert Bodhert, ha diseñado una estructura, sea como local en 4-2-3-1 o como visitante en 4-1-4-1, para optimizar el juego asociativo, consolidar la ocupación de espacios en defensa posicional y facilitar la transición defensiva post-pérdida. Sólo esta bonita aventura que vive Jaguares es posible a través de la identificación y con el marrón como mejor amigo.

De cara a alcanzar el objetivo de la permanencia y, por qué no, de meterse a la fiesta de los playoffs, Bodhert ha propuesto un conjunto con suficiente calidad técnica para desplegar su plan con artífices caso de Edwin Ávila, Anderson Machado, César Carrillo, Kevin Londoño, Juan José Mezú, Ray Vanegas y Darwin López, entre otros. Cada uno con su peso específico tanto en la plantilla como en el modelo de juego en cuestión. Para ellos, conocidas sus limitaciones, se les hace mucho más fácil cumplir respectivas rutinas, por brevedad y especificidad. Ávila saca el balón, Machado abriga, Carrillo bate líneas, Londoño intimida al espacio, Mezú crea goles, Vanegas cambia de ritmo, López pelea con los centrales… Y es que puede sonar lógico y sencillo, pero el éxito a día de hoy de Jaguares se basa en el conocimiento de ejecutar lo que mejor sabe cada futbolista. No obstante, ¿alcanzará para cumplir la meta o únicamente será una ilusión como el semestre pasado?

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