Hace ya unas décadas que en fútbol venimos hablando de la presión; del poseedor de la bola acorralado por tres oponentes, sin espacio ni escapatoria diferente a perder el balón. De los defensas que no tienen a quien pasarle el cuero porque todos los receptores están marcados. De algo que cada vez más gana campeonatos, y, por lo tanto, es tema recurrente de conversación. De intercambio de saberes. De fútbol. Mourinho y Guardiola lo saben. También lo saben Klopp y Simeone. Y antes de ellos lo sabían Rinus Michels, Arrigo Sacchi, Johan Cruyff, y Francisco Maturana, entre otros.

Holandeses de naranja corren por Alemania Occidental

En el verano de 1974, por las canchas de la República Federal de Alemania se paseó un grupo de futbolistas holandeses que a partir de entonces sería recordado como “La naranja mecánica”, en referencia a su color y a su funcionamiento vistoso y eficaz. Aquel Mundial puso en la escena internacional a la presión como concepto. La esencia era intentar tener siempre la bola y, cuando esta estuviese en poder del rival, ir a por él en bandada. Reducir su espacio de maniobra al mínimo y recuperar la pelota. No se marcaba tanto a los receptores como se iba a por el poseedor.

Sacchi, sogas y gloria

Años más tarde, a mitades de los 80, cuando el cambio de frente comenzó a ser un recurso más utilizado y al mismo tiempo y la respuesta a la presión desbocada de varios oponentes a la vez, Arrigo Sacchi armó su Milan legendario, que entrenaba con sogas en el tórax que ataban entre sí a los jugadores para no estar muy separados y presionar de manera más ordenada al rival. Los futbolistas de Sacchi fueron nada menos que Frank Rijkaard, Marco van Basten y Ruud Gullit, de Holanda, casualmente, y los italianos Baresi, Maldini, Donadoni y Ancelotti, entre otros. Con su poderío físico y su disciplina táctica se adueñaron del mundo fútbol por unos años. Con la presión.

La primera piedra del ciclo triunfal del Barcelona

Casi que al mismo tiempo, Johan Cruyff se hizo cargo del F.C. Barcelona y creó el Dream Team, con ideas basadas en lo que alguna vez hizo el Ajax y en Holanda con Michels. Pero esta vez, Cruyff confeccionó una presión más compleja y difícil de vencer, a través de una versión del juego de posición que permitía al equipo avanzar junto hacia campo contrario, y reducir el espacio que el rival tuviese cuando recuperara la pelota. Su 3-4-3 ganó la primera Copa de Europa del Barcelona en 1992 y certificó la calidad de este modelo para el futuro.

La obra de Maturana alegró a un país

Mientras tanto en Sudamérica, un visionario chocoano veía a en Sacchi a un maestro, y quiso transmitir ese conocimiento a sus pupilos en Colombia. Francisco Maturana llevó a cabo en Atlético Nacional y en la Selección Colombia un modelo táctico que le valió, entre muchas otras cosas, la admiración de su ídolo: el mismo Sacchi. La “curva de Maturana” consistía en jugar avanzar por dentro con la pelota y poblar el centro de jugadores, de manera que cuando el rival perdiera la pelota, tuviese que ir hacia las bandas, donde lo encerrarían tres futbolistas: el lateral, el mediocentro, y el volante. Esa idea le otorgó la victoria a Pacho en muchas ocasiones y dio ánimo a un país entero, que se declaró para siempre enamorado del balompié.

Evolución y versiones recientes

Las versiones cercanas en el tiempo son muchísimas, todas hijas de las ideas antes señaladas. El Barcelona Rijkaard, que tenía a Edgar Davids como máquina de presión y a Deco como escoba es uno. O el “Pep Team”, que es aclamado como el mejor equipo de la historia, encontraba su éxito según el propio Guardiola en que su defensa era la mejor, porque consistía casi que sólo en presionar. Por eso Andrés Iniesta, Xavi Hernández y Sergio Busquets, que no tienen las condiciones físicas ideales de un mediocampista defensivo, recuperaban balones. Porque el rival tenía tan poco espacio que terminaba por regalar la pelota. Presión, espacio. El espacio es lo que vale. Y eso lo percibió Mourinho, que se propuso quitarle el espacio al Barcelona cuando estuvo al frente del Real Madrid. Así despertó después de varios años el club más grande del siglo XX. Proponiéndose quitarle el espacio al Barcelona. Con presión.

Extremos y matices del concepto

Otros técnicos han interpretado la presión de manera más agresiva y frenética, como Jurgen Klopp. Su Borussia Dortmund estaba diseñado para que los mediapuntas recuperaran la pelota, ya ni siquiera los mediocentros. Otros valoran la presión como opción táctica y no como modelo. Simeone, por ejemplo, lo hace con sus presiones a todo campo contra el Barcelona según el partido.

Todo se trata entonces de reducir el espacio del oponente. De no dejarlo sentir fresco. De asediarlo, todo para recuperar el balón. Una de las máximas absolutas del fútbol contemporáneo es que el espacio es lo que más se valora. Y la presión, cómo no, es hoy el arma de cabecera para reducir o encontrar ese tesoro, que bien administrado te lleva a ganar títulos… y a quedar en la memoria.

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