La corta etapa de Harold Rivera como entrenador leopardo se puede resumir en un desplome súbito a nivel de juego. De más a muy menos, el equipo presumía cierta continuidad al proceso del año inmediatamente anterior con Flabio Torres y un estilo reconocible al preparador de turno. Y aunque ciertas intenciones parecían plasmadas sobre el verde, el trabajo no se vio reforzado con un par de victorias al hilo. Ahora, su sustituto, Fernando Castro, quien hizo su estreno en la jornada previa al parón de Eliminatorias contra Alianza Petrolera, ya mostró por encima sus constantes como entrenador, como la predilección por el rombo en el mediocampo, el ensanchar el campo con los laterales y el recuperar presencia interior.

El club santandereano ha buscado un evidente cambio de rumbo y ha apostado por algo mucho más seguro

En primer lugar, Pecoso intentará sacar provecho de los costados con laterales largos. Cuando el equipo mastique la jugada lo necesario, estabilizando el grueso de la posesión en la medular, tanto Henry Obando como Christian Mafla se convertirán en extremos, pues la principal tarea de ambos es la de administrar por completo el juego exterior. Obando de tendencia más fija sobre la cal que Mafla, pero en primera instancia deberán tocar el balón abierto y ya después podrán sumar como mejor saben; el lateral derecho con su potente zancada mientras el lateral izquierdo con su recorte interior.

El 4-3-1-2 también se puede transformar en un 4-4-2

En segundo lugar, el existente gusto del Pecoso por un sistema en específico. Quizás más cambiante por determinado momento, contexto o lugar, pero el 4-3-1-2 es la señal de partida del Atlético Bucaramanga de Fernando Castro. En ese orden de ideas, hay futbolistas que encajan muy bien con el esquema, caso de Yulián Anchico, que como interior lee a la perfección situaciones de robo alto y que siempre está presto al ida y vuelta, Gabriel Gómez, mucho más cumplidor como mediocentro, Yulián Mejía, siempre imaginativo con la pelota, o Jhon Pérez, un mediapunta con último pase y buen golpeo al que lo lastra su excesivo vicio por pisar el balón en zonas no aconsejables o de aceleración.

En tercer y último lugar, la punta de ataque sufrirá variaciones, al pasar a jugar con dos referencias, cerrando a Pajoy y desmontando el tándem supersónico de la banda izquierda con Mafla. De este modo, acercando a Jhony Cano al remate, titular garantizada como delantero centro debido a la lesión de Darío Rodríguez y a la no inscripción del paraguayo Adalberto González, y dando mayor libertad a John Pajoy para escoger entre amplitud, profundidad o regate en pro de la jugada, recalcando el factor individual, Fernando estaría completando sus primeros pasos como entrenador auriverde. Y con la información recolectada en su debut más la de su trayectoria, suena coherente.

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