La posición de mediocentro a lo largo de la historia del fútbol colombiano ha sido la más maltratada y apartada de los ídolos nacionales. Sin abundancia de futbolistas que elevasen el estatus de dicha posición, tanto clubes locales como la misma selección no estaban al completo en términos de sistema para choques élite. Casi siempre fue el punto blando. No obstante, este panorama en la última década se ha venido revirtiendo. Ejemplos de todas las edades y todos los sabores hay en la actualidad; Carlos Sánchez, Abel Aguilar, Daniel Torres, Jefferson Lerma, Gustavo Cuéllar, Sebastián Pérez, Matheus Uribe, Eduard Atuesta o Wilmar Barrios. Y la lista no ve fondo.

Pero, más allá de la transformación surgida, lo que termina de revalidar la buena salud del mediocentro colombiano es la reeducación mental. El relieve es otro. Al mediocentro del S.XXI se le piden más cosas, se anima a ellas y, además, se ve capacitado. Así entonces, y habiendo alcanzado el ecuador de la temporada, vamos con los cinco nombres revelaciones del semestre. Esos cinco que han sobresalido como rookies.

Época importantísima para el puesto de volante ‘5’ en Colombia

– Víctor Cantillo (Deportivo Pasto, 1991). Aunque llegó muy tarde a primera división, a Cantillo no le ha costado la adaptación a un ritmo más elevado. De hecho, muy pronto se ha convertido en el foco de atención en salida de balón. Como mediocentro, normalmente en una base de dos, ahora escudado por un 4-5-1, Víctor es la salida y el motor. Es el flujo de juego volcánico. De igual manera, en tareas defensivas, destaca por su colocación, la cual retarda ataques rivales y le permite al Pasto reorganizarse.

– Jhon Duque (Millonarios, 1994). El bogotano es uno de los grandes pivotes en lo que llevamos del presente curso a base de un físico incontestable. Tiene mucho que ver desde su agresividad para meter el pie, su resistencia pulmonar para acaparar metros y su presteza para afluir al relevo de quienes están detrás la mejoría grupal de Millonarios e individual de Henry Rojas. Además no es poca cosa lo que hace con el balón pegado, pues es capaz de sumar como iniciador en diferentes escenarios concernientes al ritmo de juego.

– Anderson Machado (Jaguares de Córdoba, 1997). De fútbol muy serio en lo que va de 2017, Jaguares está en el TOP-5 de los equipos que mejor juega a este deporte en la Liga Águila. Como clave la paciencia y la confianza en todo momento, el joven Machado se identifica con ello. 19 años y ejerce perfectamente su papel como pieza de orden defensivo en el 4-1-4-1 de Huber Bodhert. Asimismo, está dejando ver que tiene poso y frialdad cuando entra en contacto con la pelota, respondiendo a la altura en un Jaguares que hace uso de ella como herramienta tanto de peligro como de manejo.

– Bryan Rovira (Envigado, 1996). A sus 20 años, Rovira engloba en gran dimensión el estilo y el volumen de juego del Envigado de Ismael Rescalvo. A través de un golpeo de balón perfeccionado, aporta variantes como el cambio de orientación, el pase entre líneas o el disparo de media distancia. Una técnica que, con el pasar de los partidos, ha ganado en velocidad, precisión y sentido. Encima, es de tareas solitarias, porque la ayuda de George Saunders en el centro del campo está siendo mínima.

– Enrique Serje (Atlético Junior, 1996). Desde luego no está siendo el mejor ambiente para mostrarse, pero Serje es esencial en lo poco que ha podido Junior llevar a la realización como conjunto. Promediando casi 11 recuperaciones por 90 minutos disputados, el de Sabanalarga está robando bolas y completando entradas con un hambre insaciable, apropiándose de un hueco en la titular por delante de Rafael Carrascal, Leonardo Pico o Juan Camilo Roa. Y puede que no tenga la calidad de los otros tres, pero diferencia con especificación despliegue en defensa, movimientos en salida y gestión del balón.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *