Desde la Copa del Mundo de Brasil 2014, la selección Colombia de José Néstor Pékerman ha depositado grandes ilusiones en Juan Guillermo Cuadrado. Su figura, siempre alocada y enérgica, contribuyó en la quinta plaza del pasado Mundial, participación histórica para los intereses de la tricolor. No obstante, una vez finalizara el partido contra la anfitriona, derrota por 2-1 a la postre, su rendimiento se vino al piso. De ese Cuadrado que hacía del regate una alternativa ofensiva potente y divertida, sólo quedan recuerdos. Secuelas.

Su huella como primer cambio es imborrable. Trituró defensas abiertas y desgastadas

Cuadrado irrumpió en el modelo de la absoluta como jugador n°12. Siempre saliendo del banquillo y con el partido medio decantado, el de Necoclí se estableció como una amenaza contragolpeadora. El escenario traía consigo metros para correr, espacios para explotar, zonas para penetrar. Cuadrado hacía de su fuerza desestabilizadora prudente y coherente. Sin embargo, ahora como titular indiscutible, dicha efervescencia ha supuesto un problema más para el juego de Colombia.

Sobre todo como volante de segunda línea, Pékerman ha marcado a Cuadrado con una libertad abrumadora y fuera de lo natural para su potencial. No es errado definirlo como regateador, porque lo es en definitiva, pero desde el primer minuto y recibiendo al pie y a la altura del extremo o aceptando responsabilidades creativas por el medio, Juan Guillermo ha estado muy lejos del sobresaliente, demostrando ineficiencia por razones interpretativas. De habilidades muy concretas, caso de su cambio de ritmo o de su elasticidad en enfrentamientos emparejados, necesita una libertad particular, de la que hay que escavar profundo para descubrir.

Llegar, subir o correr; lo mejor de Cuadrado en el último tiempo con la selección

Lo mejor de Cuadrado en los últimos tres años en clave selección ha venido como lateral, al uso o de trampilla. El caso más reciente y recordado fue en la Copa América Centenario, contra Estados Unidos en la disputa por completar el pódium. En un partido sin muchos apuros competitivos y compartiendo carril junto al recurrente Santiago Arias, existió un mecanismo de permuta en fase de ataque posicional que consistía en Cuadrado como lateral y el futbolista del PSV como carrilero: el primero tenía la función de dinamizar el ataque y acompañar; el segundo, atacaba la profundidad del área. Su gestión de la pelota se redujo abundantemente, hasta el punto que recuperó trascendencia dentro del sistema por sus movimientos sin balón y no por esperar parado arriba el esférico.

De este modo, las vigentes actuaciones de Juan Guillermo Cuadrado vestido de tricolor no han sido recompensadas con el mismo brillo de la camiseta. Pero no todo es de resultados negativos. Cuadrado tiene 28 años, es un gran futbolista y todavía se espera lo mejor de él. Y la sensación de alegría cuando recibe la pelota no desaparece. Aunque en menor dimensión, al adversario le entra el pánico verlo aproximarse. Continúa dividiendo atenciones e infundiendo respeto en el cara a cara. También el dársela para que pasen cosas, por más improbable que parezca. Puede ser un primer paso, al menos desde el factor anímico, para recuperar el latigazo encarador.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *