James es Fred Astaire. Es el bailarín principal de una pieza que todavía no tiene todas las notas claras y que se convierte en un jamming de jazz tocado por músicos de Rock n’ Roll. Ruido y cadencias sonoras no muy limpias, pero que puede que inciten a bailar. Y él es la estrella. El que marca el ritmo, el paso. El que todos miran y con el que todos quieren bailar. Y Colombia un club nocturno en el que James mismo elige con quién bailar cada tonada. Y cómo bailarla. Contra Bolivia, se vistió de frac para bailar su rol soñado: el de enganche de los 80s. Puede que no haya en el mundo hoy a quien le quede mejor el número. Y eso que en Colombia hay opositores varios.

James, en un rol tan marcado de enganche, necesita nuevas cosas

Uno de ellos es Macnelly Torres, su pareja en el Metropolitano. El barranquillero es fantástico. Una fuerza salvaje de fútbol y pases gol. Su madurez es sorprendente. Del tipo que en Cúcuta brillaba por su capacidad para crear jugadas de gol desde la magistratura de sus pases, se ha convertido en un creador de juego que cada año da recitales para no olvidar. Todo comenzó cuando en 2012 lo pusieron al lado de un James imberbe y le dijeron que fuera líder y maestro. Lo fue. Se entendieron de maravilla y jugaron fútbol de quilates. Sin embargo, tardes atrás, Macnelly no entendió que el alumno ya es rey. No supo darle espacio ni complementarlo con su altura y su juego. Terminó soslayando a James hasta bien entrado el partido, cuando Pékerman lo puso en campo colombiano, separándolos del todo, y Macnelly comprendió el partido. Escenario para remontadas o partidos de all-in, nunca para juegos estándar.

Quién sí ha entendido siempre su lugar como complemento del jugador del Real Madrid es Edwin Cardona. Quizás porque siempre que ha triunfado ha sido porque le ha tocado serlo de alguien. Cardona no roba peso a James, también le entrega el balón redondo y, aunque no tenga el dominio del juego que sí tiene Macnelly, posee armas goleadoras que descansan al ’10’. Entiende su papel secundario. Y cuando bailas con Fred Astaire, sabes que él es el que guía y que eso no implica que no brilles. Bien lo sabe Ginger Rogers.

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