Carlos Bacca es un delantero extraordinario. Hace casi dos años, luego de llevar al Sevilla al título de la edición de ese año de la Europa League, estuvo en boca de todos y más de media docena de equipos soñaron con tenerlo en sus filas. El barranquillero dominaba el área como Eric Clapton la guitarra. Los centrales parecían coyotes persiguiendo al correcaminos: por más cerca que estuvieran, nunca lograban alcanzarlo. En ese contexto, el artillero tomó los testimonios de Zlatan Ibrahimovic en el Milan y de Falcao García en la selección Colombia.

En el fútbol italiano, el rendimiento de Carlos ha sido positivo. 20 goles en su primera temporada y 13 en lo que va de la segunda son números destacados para un delantero que juega en un equipo al que le cuesta mucho producir fútbol.  Su fortaleza sigue marcando, en menor medida que antes, diferencia a favor de su equipo, sobre todo cuando el juego es directo. Bacca sigue manejando las leyes de Newton a la perfección.

Pero en la selección, en esa dura tarea de portar los colores de la bandera nacional, no ha logrado ser el delantero brillante que les facilita todo el trabajo a los jugadores que aparecen en los costados, ni el rematador infalible  que ha anotado en más de 200 ocasiones como profesional. Bacca hace parte del problema de juego, ese que José Pékerman debe resolver, sí o sí, para que Colombia pueda viajar a Rusia el año entrante.

Bacca solo ha anotado tres goles en los doce partidos que ha disputado en esta Eliminatoria

El artillero de 30 años dijo tras el partido contra Bolivia que los delanteros de la selección Colombia deben tener tranquilidad. El problema es que es eso lo que le ha faltado a él. Su ansiedad es evidente y por ello es que casi siempre que recibe busca rematar. Asimismo, Bacca ha estado clavado entre los centrales en sus últimos partidos  con la  tricolor y ha salido muy poco a pivotear, para ayudar a que circule el balón, a que el juego fluya y a que los de segundo línea pisen el área. Si a ello sumamos que las pocas veces que queda de cara al arco está fallando en casi todos los disparos, la situación personal es cada vez más complicada.

Esto le pone una tarea mucho más dura a una selección a la que le cuesta mucho generar oportunidades de gol. Bacca no le facilita la labor a sus compañeros porque se mueve poco y, por consiguiente, los arrastres de marcas para abrir espacios son nulos. Agreguemos además que sus diagonales, aquellas que lo llevaron al estrellato hace un par de años, tampoco existen en el modo Colombia.

Su falta de efectividad y su ansiedad se evidenciaron en el mejor partido de Colombia en los últimos meses: aquella victoria contra Venezuela en el Metropolitano

Si Carlos no vuelve a ser Bacca con la selección en lo que queda de esta Eliminatoria, seguramente no llegue a serlo nunca. El tiempo se agota, la confianza de Pékerman también y la presión es cada vez mayor. Sacar esa ansiedad lo liberará y le dará fútbol a Colombia, que bastante lo necesita para poder jugar en Rusia. Sus minutos en Brasil, aquel 4 de julio de 2014, son un recuerdo lejano.

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