Más allá de las diferencias que uno como analista o hincha, o las dos, pueda tener con las decisiones táctico-estratégicas, las convocatorias y las alineaciones de José Pékerman, o con su forma de trabajar en general, aristas estas que han sido criticadas todas durante los últimos meses producto, sobre todo, de los deficientes resultados obtenidos, hay que dejar en claro que no son esas diferencias la base del problema. Colombia no juega bien, pero nada nos dice que si Pekerman, de un momento a otro, optase por trabajar de manera distinta, convocar a x o y futbolista, alinear a ‘sutano’ o ‘mengano’, el equipo comenzaría a jugar bien y a ganar. No sería garantía de nada, principalmente, porque Pekerman, con las determinaciones que ha tomado, deberían bastar para que ante una Bolivia como la que se presentó hace unos días en El Metropolitano, Colombia ganase cómodamente y no sufriendo como se hizo.

Colombia viene decepcionando en juego y resultados desde el mundial

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¿Por qué no jugamos bien? Uno quisiera que fuese algo tan simple como quitar a uno y poner a otro, pero no es tan así. Si bien el fútbol es un deporte cuya materia prima innegable es la calidad de los futbolistas que lo jueguen, no deja de ser cierto que los que Pekerman pone, aunque quizás para algunos no sean los mejores que podemos traer y alinear, son futbolistas excelentes que enfrentados a los demás equipos sudamericanos no deberían tener los problemas que tienen o han tenido, máxime cuando solo Uruguay, un poco, y la renovada Brasil de Tite, dentro de los equipos top del continente, no tienen problemas estructurales tan serios como los nuestros.

¿Entonces qué es? ¿Es el sistema de juego? ¿El estilo? ¿Pekerman acaso ha quedado obsoleto en sus conocimientos frente a otros entrenadores más en la vanguardia? Colombia, a lo largo de todo este tiempo, ha probado tantísimas cosas y ninguna ha terminado de tener el impacto deseado; también se ha transitado entre planes de contragolpe, espacio y juego físico a otros de más control, pelota y juego técnico; José, hace cuatro años, era el mismo entrenador que es hoy, más o menos, y el fútbol era el mismo, más o menos. Si tuviese que decantarme por algo muy específico que dé cuenta de por qué Colombia está jugando tan mal, y obteniendo tan pobres resultados a partir de eso, apelaría a la palabra «frescura». Colombia juega en constante estado de pánico. Tensionada, presionada y aterrada. Así, y la historia nos lo cuenta, el fútbol nunca fluye.

Este deporte es humano. No lo practican robots infalibles e imperturbables. Es un estado de ánimo, que aunque parezca una frase hecha, porque lo es, también es una verdad que el tiempo ha convertido en irrefutable. Las emociones cuentan. Equipos sobrados a nivel táctico, pero engarrotados por el estado de las cosas, tuvieron derrotas apoteósicas. Piense en la Brasil de 2010, la Argentina de 2002 o la Argentina y nuestra Colombia de 1994, por citar unas más o menos recientes. Y también funciona viceversa: equipos cuyo entramado táctico era, por no decir deficiente, incompleto, fueron aupados a victorias relativamente por encima de sus posibilidades por impacto de juego. Gales 2016, para no entrar en polémicas.

El equipo, anímicamente, parece tener problemas que se pagan en el juego

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Colombia hoy sufre eso. Aunque haya más razones detrás del juego turbio, muchas de esas también estaban presentes en la Copa del Mundo de hace tres años y Colombia, sin ser la brillante de las eliminatorias, jugó bien. Jugó alegre. Jugó suelta. Fresca. El otro día contra Bolivia, nada más hacer el gol, los colombianos sintieron un alivio tal que comenzaron a tocar rápido, bien y con seguridad. A hacer lo que si hubieran hecho desde el primer minuto, no habrían llegado a las postrimerías del juego con el terror en la piel.

Obviamente, hay cosas que corregir en todos los niveles. Revisando el archivo, en la anterior eliminatoria, contra Bolivia, con un esquema similar y un plan de juego más o menos calcado, Colombia hizo muchas cosas a nivel de ocupación de espacios, de ritmo e intención con balón, de juego colectivo en general, que el jueves, simplemente, no. Qué tanto de eso es culpa de ese estado de ánimo ensombrecido y qué tanto es culpa de los entrenamientos es algo sobre lo que tenemos la información suficiente para juzgar, aunque eso no es motivo para no conocer quién debería tener la respuesta, porque es su trabajo: José Pékerman. Como líder del grupo tanto en la parte humana como en lo táctico, tiene la obligación de borrar el desasosiego y limar las asperezas futbolísticas de la puesta en escena. Sea siendo continuista o cambiando. No importa.

Pekerman, más allá de clasificar, tiene la tarea de resolver esos problemas

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Colombia tiene un calendario y unos números que deberían ponerlo en Rusia 2018 más allá de lo que haga o deje de hacer Pékerman en los partidos restantes. El fútbol también es eso muchas veces. Llegados a ese punto, de la clasificación, tendrá varios meses para recomponer y renovar las fuerzas de los suyos. No sería la única selección en la historia para la que el sufrimiento en los años y meses previos sirviese de catarsis de cara a una Copa del Mundo, Eurocopa o Copa América. Incluyendo a campeones.

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