El minuto 8 del segundo clásico capitalino del año pareció la continuación de una película que había echado a rodar ocho días antes. En menos de 10 minutos, Millonarios se fue arriba en el marcador, nuevamente por obra de Andrés Felipe Cadavid y nuevamente tras una jugada a balón parado que confirma el poderío embajador por lo aires.

Pero la pizarra de Gustavo Costas había anunciado un orgullo herido con afán de revancha. De su dibujo sacó un defensor central para dar paso a un mediapunta, como pensando más en ganar que en no perder. Sólo por ese detalle, esta vez sí hubo partido en El Campín.

Esta vez Santa Fe no fue fácil de defender

Una vez se fue arriba en el marcador, Millonarios cedió el balón dispuesto a precipitar la pesadilla de un Santa Fe que bien había expuesto su calvario a la hora de enfrentar cerrojazos. Y el equipo de Miguel Ángel Russo es uno de ellos.

Fue entonces que Johan Arango, justamente una de las novedades del onceno de Costas, dio un paso al frente. Partiendo desde la izquierda, Arango entabló una serie de permutas posicionales con Jonathan Gómez y Trencito Valencia, pisaba el carril central y señalaba el tan preciado pase entre líneas que empezaba a inclinar la cancha hacia la portería de Ramiro Sánchez.

Johan Arango fue imparable de principio a fin

No obstante, el pase interior de Santa Fe mostraba un impacto relativo, pues en ocasiones no era más que el producto de la ausencia de otras líneas de pase, en lo que tuvo gran mérito Millonarios. Al fijar su posición muy arriba, Harold Mosquera y Elíser Quiñones contuvieron el despliegue de los laterales cardenales e impidieron al equipo de Costas abrir el campo. Si llegó el empate albirrojo fue porque Jonathan Gómez y Johan Arango fueron superiores a un Henry Rojas que, paradójicamente, había sido el embajador que mejor supo sufrir.

Ya con el marcador en tablas, Millonarios se decidió a jugar 20 metros más arriba, esta vez mostrando un respeto por un rival que sí se presumía a su altura. Con el pasar de los minutos fue Elíser Quiñones quien le dio confianza al embajador mezclando arrancadas desde la izquierda con apariciones por el centro, desnudando tanto las flaquezas de Juan Daniel Roa protegiendo su espalda como la desorganización recurrente de Baldomero Perlaza. Así pues, el equipo de Miguel Ángel Russo se fue dominando al descanso.

Costas tuvo una buena lectura y contuvo a Quiñones

Para la segunda mitad, Gustavo Costas, con las precauciones del caso, equilibró la balanza de nuevo. El encargado de vigilar a Elíser Quiñones ya no sería Baldomero Perlaza sino Yeison Gordillo, el especialista defensivo. Sumado a esto, con Jonathan Gómez en la banda izquierda, Santa Fe formó un 4-3 que supo contener la amenaza albiazul por las bandas y le dio el control del juego.

Entonces Santa Fe fue el de siempre. Ya con Anderson Plata en cancha, el expreso rojo se decidió a contraatacar entregado a Denis Stracqualursi, quien se mostró demoledor en el choque e indomable por los aires. El argentino la dejó servida una y otra vez a un Johan Arango que se reencontró con su velocidad, su técnica y su disparo. La revancha de Costas lleva su firma.

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