2009 fue un año clave para el fútbol colombiano. A pocos meses del Mundial, y con la clasificación embolatada, Eduardo Lara, que había sido el orfebre de ese talento juvenil, decidió en marzo, y antes de un partido contra Bolivia, entregarse a lo que hoy la historia conoce como ‘La Generación Falcao’, la que más lejos ha llevado a Colombia en una Copa del Mundo, aunque no haya tenido a su estandarte en cuerpo presente. Fue todo un giro argumental; un volantazo de ilusión potente que nos dejó a un partido, a una victoria que quizá hubiera llegado de darse el cambio antes, de ir a Sudáfrica, que es lo que esos chicos, que llegarían al Mundial con 23 o 25 años, se merecían.

Eduardo Lara le dio paso a la generación Falcao en la selección

En aquel compromiso ante Bolivia, la primera titularidad en partido oficial de David Ospina y Cristian Zapata, y la primera vez que jugaron juntos Camilo Zúñiga, Abel Aguilar, Macnelly Torres y Radamel Falcao, Lara comenzó a mirar como las estrellas de su equipo a los nacidos en 1985, 1986 y meses aledaños. Si bien es cierto que Pinto ya había ido dándole entrada a algunos, ese calificativo de primera espada era más excepcional que general. Con Lara sí lo fue. En los meses subsiguientes, Ospina, Armero, Zapata, Zúñiga, Aguilar, Guarín, Macnelly, Marrugo, Gio Moreno, Falcao, Teófilo, Jackson y Rodallega, arropados por puntales específicos de la generación de las Eliminatorias 2002 y 2006, se convirtieron en el corazón indiscutible del equipo.

Ocho años después, la quinta de Falcao desfallece con la inapelable huída de la juventud. Hoy, que tienen más décadas que piernas, viven el otoño de su carrera futbolística. Y eso en la absoluta se nota. El fútbol de selecciones es un mundo aparte que suele premiar a las generaciones casi más que a los equipos. El carácter cuatrienal de los Mundiales, Eurocopas y Copas América así lo marca. El cenit de la carrera de un futbolista suele darse, año arriba y año abajo, entre los 25 y los 30 años. Falcao y compañía llegarán a Rusia, si llegan, pasados de ese tiempo. Y aunque algunos den la nota y sean material indiscutible de selección, lo cierto es que la mayoría no lo hará. De hecho, ya no lo hace. Y a pesar de todo, siguen siendo los bastiones del agotado equipo de José Néstor Pékerman.

Con más de treinta años, siguen siendo el bloque fuerte del equipo

¿Deberían seguirlo siendo? Como cuando les tocó a ellos con Lara, la generación siguiente, la que encabeza James Rodríguez, ya está alcanzando ese punto mágico en el que aúnan madurez mental, física, táctica y técnica, si es que no lo han hecho ya. A un eventual Mundial de Rusia, llegarían, año arriba y año abajo, con edades comprendidas entre los 24 y los 28 años, ubicándose el grueso del grupo entre los 26 y 27. Las edades en las que se ganan cosas. Y hasta ahora, en este proceso eliminatorio que debería ya ser el de ellos, Pékerman no ha dado el paso definitivo. Los llama, los busca, los pone… pero no se entrega. Van y vienen. A la hora de la verdad, sigue confiando en los de piernas cansadas; en los de siempre. Y los de siempre no están respondiendo.

La generación James llegará en su mejor momento a 2018

Las coyunturales convocatorias de Duván Zapata y Matheus Uribe, que en el espacio de estas dos semanas cumplieron o cumplirán 26 años, debería servir como motor de cambio. Tal como hiciera Lara en su momento, Bolivia podría ser el rival perfecto para recomponer la situación. ¿Por qué no Medina, Fabra, Torres y Uribe en lugar de Zapata, Armero, Sánchez y Aguilar? ¿Por qué no acompañar a James de Duván y Muriel, a quienes conoce y con quienes ha vivido todo durante una década, con quienes aprendió a ser futbolista? El tiempo corre y castiga. Y Rusia espera a la generación que le toca.

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