Por estos días que corren, en El Campín de Bogotá ningún futbolista en particular habita, ni tampoco pasa por la Tierra Media, ese espacio preciado entre defensas y volantes rivales. En Millonarios y Santa Fe, donde no hace mucho hacían gala de su sabiduría cada domingo Máyer Candelo y Ómar Pérez, hoy no hay nadie que pueda o quiera ocupar esa zona reservada para quienes osan vestir la 10 y organizar al equipo a través de pases y jugadas entre líneas contrarias.

Pero según parece, a los de Russo un jugador así no les hace falta, mientras que, por otro lado, el equipo de Costas necesita un repunte en cuanto a sensaciones que a veces puede propiciar un futbolista especial por sí solo a punta de calidad. El 3-0 de anoche a favor del  embajador así lo manifiesta.

Russo refuerza su idea de equipo sin fisuras evidentes

Miguel Ángel Russo ha logrado con el paso de las fechas dibujar un cuadro digno de exposición internacional, y ayer decidió sacarlo sin mayores cambios frente a su incómodo y quisquilloso rival de barrio, el León de Costas. Así pues, las bandas albiazules estarían a cargo de Quiñones y Déiver Machado por izquierda, y de Mosquera y Palacios por derecha, mientras que el centro del campo sería custodiado por Duque y Rojas. Y arriba, siempre listos para cualquier diagonal o para bajar a recibir, Ayron del Valle y Duvier Riascos.

Mientras tanto, Gustavo Costas presentó desde el arranque su repliegue bajo en forma de 5-3-2, con Jonathan Gómez flanqueando por izquierda a su mediocentro Yeison Gordillo. La idea del entrenador cardenal era proteger el centro y disminuir la influencia de los futbolistas exteriores de Millonarios emparejándolos con Roa y Balanta. Sin embargo, a los cinco minutos ya la grada ardía de júbilo por un gol tempranero y la mejor defensa del torneo estaba en apuros.

El 1-0 fue una muestra clara de la idea de Russo, que es básica, pero terriblemente eficaz si se aplica con acierto: cambio de frente en diagonal hacia un costado, donde espera (siempre) un compañero desmarcado, que pausa, y envía pelota al área si es preciso. Si no, con toda la calma, pase atrás, y de nuevo.

Suena sencillo, pero para hacerlo bien, los centrales y los mediocentros tienen que saber escoger el momento y tener la técnica necesaria para dar un buen golpeo hacia sus compañeros. Al mismo tiempo, los extremos y los laterales deben ser capaces de controlar la pelota, encontrar espacio, y decidir si correr o pasarla bien en cuestión de segundos. Pero con Russo todo eso sale natural, por lo que en un rechace de la defensa de Santa Fe luego de un buen progreso de Millonarios, la pelota le quedó a Cadavid, que le pegó desde donde estaría normalmente un mediocampista. Así empuja Millonarios, con un espacio siempre razonable entre sus líneas y sus jugadores, compacto y muy ancho.

Santa Fe no recibía tres goles desde el 10 de abril de 2016

Luego, el estar 2-0 por debajo en el marcador a los once minutos tras un error flagrante sumió a Santa Fe en un letargo que Millonarios disfrutó pasándose la pelota con una calma abrumadora y a un ritmo familiar. Duque siempre encontró a Rojas, y Quiñones siempre halló a Déiver, quien demostró con su tremendo golazo y su inteligente partido que la amenaza de este equipo son los costados, y que él ya está para lucir una camiseta amarilla en Barranquilla.

Santa Fe no pudo reaccionar porque ahora mismo el equipo está programado para no encajar dos goles en diez minutos que le obliguen a atacar los 80 minutos restantes. Pero así fue. Y ante ese escenario, el invento de Costas cortocircuitó. Además, el cambio de Salazar por Valencia a la media hora de partido no dio estabilidad al equipo, sino que lo descubrió aún más, y lo entregó a las intentonas veloces y accidentadas de sus delanteros.

Las sensaciones son opuestas para uno y otro tras el partido

Así pues, Russo sale airoso de una fecha que estaba marcada con asterisco, y puede decir que tras haber jugado contra América y Santa Fe sus dirigidos suman seis goles a favor y cero en contra. Ahora mismo Millos cree en su juego, basado en tener siempre a un compañero cerca, sea para pasarse la bola o para presionar juntos. Mientras tanto, Santa Fe suma una derrota que debería motivarle a encontrar alternativas ofensivas para hacer daño sin comprometer su valor más preciado: mantener su arco libre de goles.

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