Millonarios vio hace poco tiempo cómo se puso fin a 24 años de árboles secos por la lluvia negra. Pero el fútbol naufraga en lo incuestionable, y antes de dar una respuesta, nos maravilla la sangre con colores.

      –Por mi papá: él nos dijo a mi hermano y a mí que éramos hinchas de Millonarios y eso hemos sido desde niños, y eso somos.

Ricardo Silva Romero, como muchos otros, heredó su pasión por tradición familiar. Una herencia que lo condujo a uno de los equipos que más historias tiene por contar en el fútbol colombiano. Un equipo que, sobre todo en la primera mitad de la historia del profesionalismo, veía a los demás desde arriba, desde los grandes días de El Dorado y el Ballet Azul hasta aquel mágico equipo de Vivalda, Van Tuyne, Iguarán y Funes.

      –Confieso que me aferro aún a los grandes momentos del Millonarios de los 80: recuerdo, en especial, a Funes.

Aquel pasado de júbilo y gloria parece tan lejano como el que contempla, nostálgico, un rey azul castigado a vivir en una isla situada en el fondo más recóndito de su memoria. Allí, desterrado por sus pecados, se entrega al desvarío. Su mente atormentada de recuerdos solo rompe el silencio para repetir a gritos sus hazañas, soltar de vez en cuando el nombre de un héroe mítico, y así volver tranquila al encierro más impenetrable: el que se construyó a sí misma. Sus pequeños momentos de lucidez se deshacen con la impotencia con la que deambula un toro volcánico en el medio del desierto.

      –Su historia es innegable, así haya caído en manos de empresarios indolentes, pero diría que lo que hace enorme a Millonarios es el amor -tantas veces no correspondido- que le tenemos sus hinchas.

Cada que juega en su estadio, sus hinchas desbordan las calles que conducen al coloso de la 57. Históricamente, el mar azul ha acudido al rescate cuando la institución más lo necesitaba y eso, indudablemente, es un motivo de orgullo. El sentido de pertenencia que logra un equipo de fútbol, en Millonarios se ha hecho carne exponencialmente. Esta es una pasión siempre presente en las buenas pero que, en las malas, multiplica sus manos por miles.

      –Ser de Millonarios significa ser leal a pesar de todo, guardar un recuerdo a pesar de todo. Creo que es el equipo de mi familia y el equipo de mi infancia, y entonces es muy difícil que no me importe cuando juega, cuando disputa alguna posición, cuando sufre un revés.

Solo nuestro rey azul sabe el peso de la medalla invisible que lo titula como el-mejor-equipo-del-mundo. La carga se disolvió y ahora prepara, impaciente, su regreso. Sabe que si hay alguien que puede hacerlo es él, solo él es capaz de volver por sus fueros a base de amor propio, vergüenza y coraje. Al abrir la puerta, estará su mar azul esperándolo, como siempre, para iniciar el camino quijotesco de regresar sobre sí mismo y defender su propia leyenda.

      –Ricardo, si Millonarios fuera un estado de ánimo, ¿cuál sería?

      –La paciencia.

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