Seguramente el obstáculo más grande para este Independiente Santa Fe sea el propio Gustavo Costas. Entiéndase bien: no es que el entrenador argentino sea nocivo para el equipo. Todo lo contrario: con su presión psicológica, sus reproches incansables desde la línea de cal y la intensidad con la que vive el fútbol, Costas es la primera piedra en el camino para un equipo que, en consecuencia, ha forjado unos nervios de acero. Por esto, ser titular en este Santa Fe no es cosa para cualquiera.

Tres son los centrales elegidos para dar cuerpo a la defensa más sólida del campeonato colombiano. Héctor Urrego, William Tesillo y Carlos Henao son custodios de un muro sin grietas. En el juego aéreo, además de superar numéricamente al rival por lo general, se muestran prácticamente indomables. No obstante, el mapa de calor del trío en defensa señala que lo suyo no se reduce a poblar el área.

Los centrales albirrojos están expuestos a tomar muchas decisiones

Con el sistema de carrileros que Gustavo Costas introdujo la temporada pasada, la zaga cardenal está sujeta a tomar muchas decisiones. Los centrales abiertos, Héctor Urrego y Carlos Henao, tienen una zona de patrullaje que llega hasta la espalda de los carrileros, Juan Daniel Roa y Leyvin Balanta, respectivamente. Sumado a esto, Urrego y Henao ejecutan la función más agresiva de la zaga, pues entre sus prestaciones está el llegar a la altura del doble pivote, Sebastián Salazar y Yeison Gordillo, y servir de apoyo defensivo ante cualquier filtración rival.

Y es precisamente ese achique defensivo la gran virtud defensiva de este Santa Fe. Héctor Urrego y Carlos Henao suelen convertirse en los hombres con más robos en la cancha, sumando entradas tanto en la banda como en la medular. En el caso de Urrego, su capacidad deliberativa ha alcanzado una calidad insospechada, resolviendo con nota cierres en la banda, achiques en el medio o repliegues indistintamente. Henao, por su parte, ya ha dado muestras de entender el idioma Costas, pese a que el sostener la intensidad defensiva durante 90 minutos sigue siendo su tarea pendiente.

Gordillo y Salazar se complementan de dos maneras distintas. Una mejor que otra

En la mitad de la cancha Santa Fe también encuentra más certezas que dudas. Con Yeison Gordillo, que ha vuelto a ser el mandamás del equipo campeón de la Copa Sudamericana, y Sebastián Salazar, que ha agudizado su lectura defensiva desde el regreso de Gustavo Costas, Santa Fe tiene en ellos dos mediocentros de alta intensidad. Además, su refinada técnica defensiva les permite conducir los ataques del rival hacia las bandas, encerrarlos allí u obligarlos a levantar un centro que, con los tres centrales santafereños, termina siendo inofensivo.

En este contexto, el escenario ideal para el cardenal es cuando Salazar muerde arriba e intenta robar en zonas adelantadas y Gordillo aguarda una posición más conservadora pero infranqueable. Este escenario, aunque se da más de una vez por partido, está lejos de ser la constante. Supeditado a la resistencia de Sebastián, que no va sobrado de fondo físico, Yeison resulta asumiendo el rol más agresivo del doble pivote. Como Salazar carece de la intensidad física de Gordillo, le cuesta más reordenar su posición de acuerdo a la ocasión y tapar huecos, por lo que es en tales situaciones que Santa Fe se ve obligado a defender más cerca a su área.

Sin embargo, vulnerar al Santa Fe de Gustavo Costas no está al alcance de cualquiera. En partidos en los que el doble pivote es el encargado de sostener el medio, sin compromiso defensivo de Jonathan Gómez, el rival está invitado a superar numéricamente a los solitarios Gordillo y Salazar en la medular. Esto, sumado a un ritmo alto de juego como el que mostró The Strongest en La Paz, es la clave para poner en aprietos al equipo de Costas. Pero, como decimos, no son cualidades al alcance de cualquiera.

Y es que nos hallamos ante una obra histórica, por lo menos en lo que va del siglo. Gustavo Costas ha creado un muro a base de confianza, energía y una mente indoblegable. Este Santa Fe es capaz de pasarse larguísimos lapsos de tiempo defendiendo con disciplina y concentración inhumana. Ante la sensación de asedio no sucumben, sino que compiten mejor.

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