El lector se sentó en la mesa con el diario del lunes. Le dio un sorbo a su café y se fue directo a la sección de deportes. Venía el río haciendo ruido, decían los informantes allegados a la verdad que Diego Cocca dejaría el banquillo azul para irse a su país natal.

Los directivos de Millonarios, ante esa noticia, al mejor estilo de la familia Médici, buscaron a Miguel Ángel Russo para que construyera una obra de arte a su antojo. Sin embargo, cuando Russo se puso a disposición del club se dio cuenta que le tocaba pintar un cuadro que ya había empezado otro artista. Para ser más exactos: que ya tenía las manos de otros dos personajes.

Como si fuera poco, a este Miguel Ángel le tocaba pintar en el lienzo con pinturas que él no había escogido. Pero la grandeza se esconde en la valentía y él, lejos de ser un recluido más, decidió tomar esta oportunidad. Sin más en su mente que la convicción de un soñador, se puso su bata y se sentó frente al cuadro ya empezado.

Russo ha tenido que darle forma a un Millonarios producto de dos procesos inconclusos

El primer personaje que le dio toques vivificantes a ese esbozo de dibujo que se llama Millonarios venía desde Uruguay. Rubén Israel es el punto de partida para entender lo que ha hecho hasta ahora Russo. Con Israel el equipo encontró su vicio más grande y difícil de combatir: las bandas como zona de confort. Pero, ojo, decir las bandas en plural es tal vez erróneo, pues desde la llegada de Maximiliano Núñez al conjunto albiazul, el ataque se concentró siempre por su banda. En ese entonces resultaba curioso ya que el equipo contaba con muchos jugadores que preferían habitar el centro del campo. Pero lo cierto es que Israel volvió al equipo un adicto a la raya blanca que delimita el borde derecho de los terrenos de juego.

Detrás de Núñez, bajo la batuta del uruguayo, estaba Lewis Ochoa. Lateral derecho que por ese entonces todavía tenía alto vuelo y que llegaba al fondo para centrar balones a la cabeza del punta de turno: Uribe o Rangel. La jugada funcionaba, pues los delanteros mencionados estaban bien dotados para surtir ese tipo de acciones. Sin embargo, el cuadro quedó a medio pintar. El uruguayo fue destituido después de una mala racha y los directivos decidieron buscar un nuevo pincel, esta vez en el país gaucho.

El juego por las bandas de este Millonarios es herencia de Israel y Cocca

Diego Cocca, entonces, llegó a un Millonarios que estaba alicaído. De muchas formas el dibujo que encontró Cocca no tenía ninguna forma, tampoco profundidad y mucho menos genialidad. Mientras Israel daba pinceladas cuidadosas en el cuadro, Cocca llegó a dar brochazos que podían lograr conseguir lo mejor o destruir del todo lo que se venía haciendo. Había días en que tomaba forma, otros tan solo sentía ganas de quemar lo que había y empezar de cero. Como con Israel, Millonarios bajo el mando de Cocca tenía el mismo vicio: la banda derecha. Esta vez a Núñez lo acompañaba Gabriel Díaz y en el área esperaba Ayron Del Valle. Cocca hizo lo que pudo en su corta estadía, el proyecto no lo satisfizo lo suficiente y, apenas pudo abandonar, lo hizo.

Era por eso que cuando el lector se sentó a leer el periódico del lunes no se esperaba que Miguel Ángel Russo fuera el nuevo pintor elegido.

Con los ojos bien abiertos el técnico de 61 años miró el cuadro por primera vez en su living y lo notó todo. Vio cómo hubo un primer partícipe que intentó ser cuidadoso a la hora de crear. Vio cómo ése mismo logró plantar bases conceptuales básicas pero se quedó corto cuando tuvo que volar en ideas. Después, posando sus dedos en el lienzo empezó a sentir la mano del segundo. Los brochazos violentos y llenos de adrenalina que Diego Cocca intentó incluirle a la imagen pero que siempre carecieron de sentido. Había cosas, pensó Russo, pero hacía falta mucho.

Las circunstancias le pedían avances rápidos. Los directivos, la hinchada y el calendario hacían de ese primer momento un punto de partida azaroso que tenía que enfrentar con toda su genialidad y sabiduría. Mientras meditaba lo que veía vinieron a su mente grandes cuadros que había pintado, vio ese equipo de Boca Jrs. con Juan Román Riquelme levantando la Copa Libertadores y se preguntó por qué no podría ser capaz de hacerlo otra vez. Claro, ahora las herramientas eran otras, lo sabía, pero el que no sueña está muerto en vida.

Con Eliser Quiñones, el juego ya no se recuesta exageradamente en la banda derecha

Su primer reto era darle forma a lo que habían dejado sus antecesores. Entendió desde ese primer momento el vicio y empezó un plan para acabar con él. Sin embargo, antes de lograrlo tenía que pasar una prueba de fuego en la Copa Libertadores. En ese primer partido contra el Flamengo, Russo utilizó lo que Israel había dejado como legado: una defensa relativamente trabajada. En Brasil no salió a imponerse sino a incomodar. Los ataques que se vieron esa noche por parte de su equipo estaban de nuevo ligados a las bandas, no obstante esta vez había diferencias, pues Millonarios erradicó esa manía de sólo buscar el juego por la banda derecha y empezó a utilizar la izquierda gracias a Eliser Quiñones y Déiver Machado. Campo amplio, siempre amplio.

A pesar de la eliminación, ese primer acercamiento al cuadro de Russo tenía matices que ilusionaban. Jhon Duque fue el primero de ellos. Jugador que es experto en recuperar balones cuando el equipo ataca para así darle fluidez al juego. Eliser Quiñones, a su vez, estaba también dando de que hablar gracias a su disparo y su desborde. Sin embargo, Russo sabía que el equipo seguía jugando demasiado por las bandas y muy poco por adentro.

El Millonarios de Russo sí tiene juego interior

La lesión de Dominguez obligó a Miguel Ángel a cambiar lo que propuso en un principio. Además, el mediocampo poderoso del Medellín lo llevó a tomar precauciones poniendo a Harrison Henao como acompañante de Duque. La receta terminó siendo peor que la enfermedad. Frente al conjunto paisa de nuevo se vio un equipo que buscaba las bandas como un alivio constante y que cuando no las encontraba sentía la abstinencia como presagio de un desastre.

Ante esa adicción Russo encontró un desintoxicante: Jacobo Kouffaty. En los planes del entrenador argentino, el venezolano era la pieza que faltaba para darle al cuadro distintos matices. Que el transeúnte que pasara por la calle se pudiera detener a mirar la pintura y sentir cosas distintas con cada nueva mirada. Ahora, esto era apenas una solución inmediata que necesitaba más trabajo. No obstante, frente al Bucaramanga se dieron esos primeros pincelazos de lo que tenía en su mente Russo. El 10 venezolano tenía que ser el encargado de juntar el juego poderoso de las bandas con el buen pie de los volantes interiores, es decir, de Duque y Henry Rojas. En ese primer tiempo de la tercera fecha se vio un poco de eso.

De aquí en adelante esa era la apuesta: crear amplitud a través de las bandas, y con Ayron Del Valle como señuelo entre los centrales, entregarle el balón a Kouffaty con espacios para que este pueda conectar a sus compañeros. Pero las funciones del 10 no terminan ahí. Cuando el equipo no halla la manera de saltar líneas contrarias, él es el encargado de señalar el camino, cuestión en la que hasta ahora se le ha visto muy frío.

El juego directo es síntoma de que Kouffaty no termina de encajar

Por eso en ocasiones se ve que Cadavid abusa del balón largo en busca de Del Valle. Por eso en tramos largos de los partidos el vicio de la bandas se hace tan evidente. Jacobo Kouffaty no ha terminado de encajar en el equipo. Su lesión y la llegada de Duvier Riascos le dieron a Miguel Ángel, entonces, nuevas alternativas.

Después de perder en Montería contra Jaguares y ver a su equipo maniatado en todo sentido, el argentino le apostó a Riascos como enlace entre las bandas y el centro. Esa noche frente al América de Cali, Riascos se convirtió en el electricista perfecto: soldó circuitos de plomo que encendieron a sus compañeros.

No es poco lo de esa noche por parte de Riascos y todo el esquema en ataque de Millonarios. Primero los números muestran que en Millonarios los delanteros no hacen los goles. Esta temporada Ayron Del Valle no ha logrado marcar ni uno solo, y aunque suene ilógico, su presencia en el once inicial es casi obligatoria por todo el trabajo silencioso que hace. Sus diagonales, su juego de espalda al arco, sus constantes movimientos y la presión en ataque borran ese pequeño dato de que no lleva ningún gol.

Riascos puede resultar clave para Russo

Duvier en su primer partido como titular marcó. Eso es un precedente que quedó en la mente de Miguel Ángel Russo. Sin embargo, todavía no es claro el paso a seguir, porque Millonarios sigue estando en construcción. Ahora con el regreso del venezolano, Russo tendrá que descifrar si es mejor ponerlo de 10 o utilizar a Riascos. Lo cierto es que no hay espacio para los dos, a menos de que Del Valle sea el sacrificado.

El pincel aún no está seco y Miguel Ángel sigue buscando más detalles. Su cuadro, lejos de estar terminado, apenas empieza a mostrar figuras claras.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *