Entre 1957 y 2002 pasó de todo: la Guerra de Vietnam, construyeron el Muro de Berlín y luego lo tumbaron, el hombre pisó la luna por primera vez, la Unión Soviética se disolvió en quince países, Colombia ganó un oro, dos platas y cuatro bronces en los Juegos Olímpicos, crearon la Copa Libertadores y un sinfín de acontecimientos´más que marcan la historia de la humanidad. En esos 45 años, los hinchas del Independiente Medellín sufrieron, no ganaron ningún título y vieron como todos sus grandes rivales alcanzaron la cima. Sin embargo, siempre estuvieron ahí, apoyando incondicionalmente al equipo de sus amores.

      –Ser hincha del Medellín no es fácil, la verdad, porque nos tocó una infancia muy dura. Yo tengo 32 años y me tocó una infancia muy dura en donde el DIM no ganaba nada, en donde el rival de patio ganaba todo. Solamente cuando tuve 18 años lo vi campeón después de 45 años. Ser hincha del Medellín no es tan fácil como ser hincha de otros equipos, caso de Nacional y, en su momento, América, donde los títulos obviamente iban acompañados. Es más difícil, pero eso identifica al hincha de DIM, que por encima de los títulos está siempre presente.

Eso es lo que piensa Óscar Tobón, periodista de Caracol Radio, que ha estado en las duras y en las maduras del poderoso de la montaña. En esos 45 años, Independiente Medellín acarició la gloria en cinco ocasiones, pero nunca le alcanzó para agarrarla. Hasta que aquel 22 de diciembre de 2002, bajo el liderazgo de Víctor Luna en el banquillo y de Mauricio Molina en el campo, rompió ese hechizo y obtuvo su tercera estrella, que de paso abrió las puertas de una nueva etapa al club, la de su era dorada que aún persiste hoy.

      –Esos tiempos han cambiado mucho. Ya nos ha tocado vivir varios títulos: 2002, 2004, 2009 y 2016. El del 2004 es muy especial, se le ganó a Atlético Nacional, el rival de patio. No obstante, el del 2002 fue el más especial de todos, porque fue el primero tras una sequía de 45 años.

Ese equipo fue un fiel reflejo de lo que siempre ha querido ser el DIM. El club siempre ha intentado tener jugadores creativos que hagan de la experiencia de ir al estadio algo agradable y hagan llover aplausos, como aquel equipo que llegó a semifinales de Copa Libertadores en 2003.

      –Yo creo que a través de la historia, Medellín siempre ha sido un equipo que trata de jugar bien la pelota. Yo recuerdo el equipo del 93, que tenía a (John Wílmar) «La Pelusa» Pérez, a la (Carlos) «Gambeta» Estrada, a(Óscar) «El Pájaro» Juárez y a Henry «El Ferry» Zambrano, un equipo que jugaba muy bien. O me cuentan mis viejos del equipo del 89, que jugábamos bien y no ganábamos. Lo mismo con Carlos «El Pibe» Valderrama, que llegó en el 92, pero el DIM seguía sin ganar. Hasta que llegó el equipo del 2002 y 2003, con esa gran participación en la Copa Libertadores de la mano de Víctor Luna. Era un equipo que jugó sin delanteros, todos jugadores de buen pie.  John «Choronta» Restrepo, Mao Molina, Tressor Moreno y David Montoya, un equipo que enamoró al continente. Y creo que así ha pasado a través de la historia: Neider Morantes y Giovanni Hernández, entre otros. Esa es la esencia del Independiente Medellín. Aquí el cómo se gana también es importante.

–Óscar, si el DIM fuera un estado de ánimo, ¿cuál sería?

      –Pasión, fidelidad. El hincha del Medellín es muy fiel, el hincha del Medellín no traiciona, el hincha del Medellín no abandona al equipo.

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