El gol de Jefferson Duque lo cambió todo. En aquella final de vuelta de la liga del primer semestre de 2013, disputada el 17 de julio, Independiente Santa Fe llegaba como el gran favorito para llevarse el trofeo de campeón y no era para menos. El equipo que dirigía en ese entonces Wilson Gutiérrez fue eliminado en semifinales de la Copa Libertadores, pero había dejado la sensación de que estaba un escalón por encima de todos sus rivales en Colombia. No obstante, el Nacional de Juan Carlos Osorio, un equipo irregular que gustaba muy poco a sus aficionados, rompió con todos los pronósticos y se desató, se convirtió en una bestia competitiva que aL día de hoy no ha dejado de hacer estragos en su país y en América Latina.

      –Ganador y ambicioso, nunca conformista, como exponente ilustre del espíritu antioqueño. Nacional ante todo es sinónimo de ganar partidos, campañas, títulos, hinchas, amores y odios. Es un espíritu incansable que sabe superar adversidades y desaciertos para conquistar gestas inigualables. Es un espíritu sabio, como Zubeldía y Maturana. Es un espíritu con sed de gloria, como Osorio y Rueda. Es un espíritu inmortal, como Andrés. 

Así lo siente Juan David Londoño, quien recibió por herencia paterna el amor a Atlético Nacional y tuvo la fortuna de disfrutar en su infancia, en la década de los noventa, de momentos gloriosos, títulos por doquier y jugadores especiales. En esos años, Nacional se terminó de consolidar como uno de los grandes del fútbol colombiano: la Copa Libertadores de 1989 y las ligas de 1991 y 1994, son los ejemplos palpables de eso.

      –A los 3 años ya sabía qué era ir al Atanasio Girardot así no tuviera el raciocinio suficiente para comprender lo que allí pasaba. Después disfruté de las atajadas de René (Higuita), la inmensidad de Andrés (Escobar), las exquisitez de Alexis (García) y la contundencia de (Faustino) Asprilla y (Víctor Hugo) Aristizábal. Fue el fervor de un estadio que se unía al son del “y dale… y dale… y dale, verde, dale” festejando los títulos de 1991 y 1994, los primeros que realmente me emocionaron y por los que lloré.

Sin embargo, no todos han sido momentos alegres en la historia de Atlético Nacional. El cambio de milenio le cayó mal al club antioqueño: tres subtítulos ligueros, uno de ellos ante el rival de toda la vida, el Independiente Medellín, y el segundo lugar en la primera Copa Sudamericana  que se disputó, además de decenas de jugadores que vistieron la casaca verdiblanca sin pena ni gloria. Esos momentos son los que fortalecen y hacen crecer el amor por un equipo. Después de la tormenta viene la calma.

      –En las épocas magras entre el 2000-2004 y el 2008-2010, la fidelidad afloró como nunca antes; porque los subtítulos que más dolieron, nos fortalecieron diez veces más.

Es aquí donde volvemos a Jefferson Duque. El comienzo de la era más exitosa del club: el tricampeonato, la Copa Libertadores, los dos subcampeonatos de Copa Sudamericana y, sobre todo, esa capacidad de competir y de luchar hasta obtener lo que se busca, más allá de las adversidades y de haber caído. El club es resilente y esa es una de las claves para que hoy esté donde se encuentra.

      –Era una palabra inadvertida para mucha gente hasta que Juan Carlos Osorio la dijo en una conferencia de prensa y retomó protagonismo. La capacidad del equipo para superar momentos adversos, sean partidos, bajones de ánimo o fútbol, caer en una final o circunstancias externas, como la tragedia de Chapecoense ad portas del Mundial de Clubes. La institución como tal se reinventó cuando el viento acechaba en contra, se fortaleció y logró los resultados de los últimos años. Dirán que Nacional no ha pasado por situaciones como un descenso, pero eso lo hace más grande aún. Su peor “crisis” es pasar un par de semestres sin ganar algo.

La estética también es importante en Nacional. La victoria no es suficiente por sí sola para el hincha, pues el club siempre ha tenido una relación estrecha con el juego bonito y por ello cada gran época evoca a un gran jugador creativo, al “10”, el jugador diferente.

      –Nacional siempre lo ha sido. Desde ‘Turrón’ (Álvarez) hasta Macnelly (Torres),  pasando por (César) Cueto, (Jorge Hugo) Fernández, (Alexis) García, (Neider) Morantes, (Hugo) Morales, Aldo Leao (Ramírez) y un sinfín de  jugadores que han llenado la retina del hincha. Buen fútbol y Nacional van de la mano, pocas veces otras combinaciones han resultado aceptadas o recordadas y mucho menos ganadoras.

Y de ahí pasamos al otro lado de la cancha, donde aparece, imponente, la figura de Andrés Escobar Saldarriaga. Él es el jugador que evoca todo lo que es Atlético Nacional dentro y fuera del terreno, los valores que lleva consigo todo aficionado y trabajador de club. Andrés es la representación más fiel del espíritu verdolaga.

      –Clase, categoría, buen juego, excelente persona y ganador. Ídolo y referente, un nombre de reconocimiento mundial. Es la mejor representación de Nacional para todo quien ame estos colores.

–Juan David, si Nacional fuera un estado de ánimo, ¿cuál sería?

      –Felicidad. Cuando uno ama de verdad, se entrega por completo y es incondicional. Uno da lo mejor que tiene para nutrir ese amor, dedica horas, hace esfuerzos y sacrificios, piensa constantemente en el otro y está pendiente de todo. Nacional en retribución te pone a palpitar el corazón. Eso es felicidad.

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