Atlético Nacional es oficial y oficiosamente el mejor equipo del país y del continente. Su proyecto deportivo está consolidado a niveles europeos, con un trabajo de inferiores que, más allá de la calidad de los jugadores, está creando futbolistas tácticamente adaptados al sistema de juego del primer equipo, capaces de replicar e incluso mejorar, conceptualmente, lo ofrecido por Macnelly y su combo. Además, su fútbol es versátil, rico en detalles y, cuando se ponen a jugar, demoledor. Son buenísimos. Y son favoritos ante cualquier reto que les presente su calendario. Pero hoy juegan contra Juan Fernando Quintero.

Nacional sigue siendo la referencia para el resto de clubes

El enganche del DIM está recuperando el tono físico en cada partido y su impacto se ha dejado sentir en la primera mitad de la liga. Coronando el mediocampo del líder, Quintero crea juego y ocasiones con muchísima facilidad en la zona en la que todos lo encuentran complicado. Zubeldía, además, ha sido inteligente: se entregó a Quintero, pero le puso señuelos y ayudas para que jugase mejor y más cómodo. El niño maravilla hace de todo un poco a sabiendas de que si deja de estar en algún lugar o de realizar una tarea, siempre habrá alguien más haciéndola. Si baja a zona de gestación para filtrar pases, La Goma Hernández sale como un resorte para recibir sus pases entre líneas; si está arriba y crea líneas de pase para luego decidir, Marrugo hace de capataz en la base de la jugada del DIM. Y así el Medellín rota, juega y domina.

Aunque de eso ya se ha hablado en este sitio. Lo que no se ha comentado mucho es cómo hace Quintero para darle estabilidad a ese sistema que esta noche a Nacional puede darle muchos dolores de cabeza. Dijo Pep Guardiola alguna vez que la pared, ese santo y señal del fútbol sudamericano, era defendible, pero que el tercer hombre no. Que si se hacía bien era imparable. El catalán se refería a una jugada típica de su Barcelona. El DIM de Luis Zubeldía ejecuta su propia versión que involucra un cuarto hombre. Digamos que Quintero tiene el balón, pero el rival está organizado. Juan Fernando quiere dársela a Marrugo para que el cartagenero juegue con él, pero Christian está marcado y él mismo tiene una marca encima. ¿Qué hace? Se la pasa a La Goma o a Moreno mientras él y Marrugo se desmarcan, quien recibe se la cede a Marrugo, que ahora está libre porque su marcador se distrajo, y el capitán puede jugar con Quintero, que está solo porque el sistema defensivo rival se orientó hacia otro lado y él, precavidamente, buscó esa línea de pase limpia desde la que recibir. Ahora tiene la pelota ante un equipo desguarnecido: peligro.

Quintero se mueve donde peor defiende Nacional a jugadores como él

Aunque no siempre ocurre igual o con la misma contundencia del ejemplo, el cuarto hombre ha hecho estragos en el campeonato. Y a Nacional, que si juega con Aldo y Macnelly en el mediocampo tiene dos futbolistas que más allá del esfuerzo defensivo, tienen lagunas tácticas y físicas comprometedoras, podría significarle la inferioridad. Sobre todo porque la zona en la que más recibe Quintero es la del triángulo que ocuparían Aldo Leao Ramírez, Farid Díaz, que no tiene la lectura defensiva de Bocanegra, y Alexis Henríquez, que tiene poca tendencia a abandonar su posición y anticipar. Eso es espacio para Quintero y, repetimos, eso es peligro, aunque arriba juegue Nazarit. Nacional tendrá que corregir, adaptarse y preparar una defensa específica, como la de River Plate, para contrarrestar. Afortunadamente, para el espectador del fútbol colombiano, algo de eso seguro habrá. Juegan el mejor contra el mejor.

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