Uno se imagina a Andrés Ibargüen un domingo cualquiera paseando a su mascota en su Cali natal con la misma tranquilidad con la que juega al fútbol. Despacio, sin afanes y recorriendo vericuetos curvados para disfrutar del paisaje, como dijo Valdano que hacía Riquelme. Y es que, aunque elementalmente distinto, el 11 de Nacional y el 10 eterno de Boca Juniors son una misma forma de vivir. Y ese estilo es el que a Atlético Nacional más le sirve y al que al Independiente Medellín más le hiere. El dominio verde, esta noche, está en sus pies de hombre tranquilo.

El Nacional de Rueda siempre ha tenido la derecha como lugar favorito del ataque. Siempre fue el interior derecho el que más se suelta y la banda diestra la que preferían Guerra y Macnelly. Eso siempre dejó a la izquierda como el lado débil del ataque, ese donde surgen más concesiones del rival y donde Reinaldo entiende necesita que su extremo realice ciertos trabajos específicos más relacionados con la gestión del espacio que con la de la pelota. Por eso Copete y por eso Mosquera, aunque Ibargüen haya demostrado ser el de mejor, aunque irregular, nivel.

En el Nacional de antes, Ibargüen no casaba del todo tácticamente

Sin embargo, el Atlético Nacional 2017 ha mutado. Las salidas de Borja, Guerra y Berrío le quitaron velocidad y capacidad de resolución individual al sistema verde. Nacional hoy necesita tocar más el balón para desordenar al contrario y ha perdido capacidad de intimidar al espacio y por fuera. Macnelly está más recargado de responsabilidad y Uribe ha tenido que reciclarse sobre la banda derecha, poniendo calidad en la posición, pero sin solventar los problemas preexistentes. Así, este Nacional se configura de forma distinta y demanda de sus jugadores cosas diferentes. Y por eso el valor de Ibargüen en la plantilla ha aumentado.

Andrés Felipe es un extremo que disfruta de viajar por los pasillos interiores. Su desborde no es una ruta directa a la ocasión, sino que es mucho más sinuoso, como un río, y visita zonas que el Nacional 2015-2016 no necesitaba que su extremo izquierdo pisase. Este año… sí. Que Andrés se meta por dentro con y sin pelota, que ofrezca apoyos a Macnelly, que lleve la pelota a la otra banda y, sobre todo, que no la pierda, porque Ibargüen nunca la pierde en lugares que Nacional no debe perder el balón, son comportamientos que mejoran el fútbol verdolaga. La pachorra e inmensa calidad individual del caleño le dan a Nacional segundos de posesión en campo contrario que son vida; su regate crea nerviosismo, descompone sistema y dinamiza el fútbol de su equipo desde la diferencia.

Potencialmente, es el jugador que más puede dañar al DIM en el Clásico

Contra el Independiente Medellín, que es un equipo que tiene mucho el balón y sufre sin él, las virtudes de Ibargüen cobran incluso más importancia para Nacional. Desconectar las cadenas de pases del DIM y hacerlo con acciones y toques de balón en ese punto ciego que será la espalda del magnífico pero muy ofensivo Marlon Piedrahíta y la nuca de un Didier Moreno ataviado con Macnelly Torres, bien podrían representar el dominio del partido para Atlético Nacional. Especialmente si también es de la partida Aldo Leao Ramírez, el socio favorito de Andrés Ibargüen porque lo consiente en el lado izquierdo. Ya Alianza Petrolera lo sufrió.

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