Para darle sentido a este artículo hay que situarse en aquel aciago día del Brasil 2-1 Colombia del Mundial 2014. James lo está intentando a punta de fútbol y carácter, pero los brasileños tienen una falta relativamente lejos del área y su cobrador es David Luiz, a quien nadie tiene como especialista. ¿Hay preocupación? Poca.Pero el disparo del central brasileño es inatajable. Luiz realiza un cobro extrañísimo. Se perfila para una carrera casi recta hacia el balón, se acerca a él prácticamente como un pateador de rugby y la inclinación del cuerpo es muy poca. Además, lo más extraño, golpea la pelota desde esa distancia con el interior del pie muy abierto. El balón se mueve en línea recta hacia la portería, pero ya cuando va acercándose y perdiendo impulso, el balón se abre hacia la derecha y se mete en el ángulo. Un gol imposible veinte años atrás.

El golpeo de David Luiz es producto de las nuevas tecnologías

Los desarrollos tecnológicos están tan ligados a la evolución del fútbol como los tácticos o de reglamento. El fútbol de hoy no se entiende sin los guayos actuales, el césped con tendencia a lo impecable o los nuevos balones. A mediados del siglo pasado, por ejemplo, Didí se hizo famoso, pues fue uno de los pioneros en meterle efecto a los disparos. El balón de la época y de décadas anteriores, por material y otras cuestiones, era mucho más pesado y los remates tendían a ser rectilíneos. Sin embargo, con las modificaciones necesarias, Didí perfeccionó un golpeo de pelota que le permitió crear un ligero efecto, similar al de una hoja seca que cae, que causó impresión mundial. Nuevos balones, nuevas técnicas de golpeo. La Folha Seca de Didí, entonces de técnica avanzada, hoy puede ser replicada prácticamente por cualquiera. Se trata, con los balones del siglo XXI, de un golpeo sencillo.

De Didí a David Luiz pasaron seis décadas. En ese camino, darle efecto al balón se convirtió en la norma y florecieron maestros del golpe franco. Gente como Maradona o Zico, o, en el medio nuestro, Carlos Rendón o Arnulfo Valentierra, cada uno con sus peculiaridades, supieron sacarle provecho a los balones más ligeros y aerodinámicos de su época. En ese entonces, los tiros libres se cobraban básicamente de dos formas: golpeo con el interior del pie para darle efecto de afuera hacia dentro; y con el exterior, para darle el efecto contrario. Nada que ver con lo que hizo David Luiz en el Mundial o con lo que intenta desde hace unos años Edinson Toloza en Junior. Este balón, más aerodinámico que cualquiera, vuela sin frenos y toma efectos impredecibles y difíciles de detener, lo que resulta en más goles, objetivo de la FIFA. El balón, en lugar de girar como antes, planea.

No solo en el golpeo, sino en los pases, se nota el efecto del nuevo balón

Pero más allá del tiro libre o los disparos desde lejos, la pelota del siglo XXI tiene su efecto en el juego. Carlos Valderrama era un pasador genial que jugaba con el freno de la bola para darle ventaja al receptor. Ese pase hoy tendría una dificultad extra por las mismas condiciones del balón que tiene menos tendencia a frenar y perder velocidad. También está el hecho de que el balón es más difícil de controlar, pues tiene menos resistencia al choque, o eso parece, y se necesita más técnica que antes para amortiguar un pase. O un disparo, como es el caso de los porteros que hoy aseguran mucho menos el balón y dan más rebotes. Todo esto genera dinámicas de juego nuevas a las cuales los futbolistas tienen que adaptarse. La nueva tecnología de balón, que tiene más o menos una década, moldea el fútbol. Lo ha hecho siempre y lo seguirá haciendo, creando nuevas técnicas y nuevos escenarios de juego.

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