Aquel Once Caldas de Juan Carlos Osorio que dominó la liga, quedó campeón y jugó los cuartos de final de la Copa Libertadores es un recuerdo lejano.  Los intentos de las directivas por traer a alguien que pudiera seguir por esa senda fueron fallidos porque no los rodearon de un grupo de jugadores capaz de ejecutar una idea que tiene un grado tan alto de dificultad. Por allí pasaron Ángel Guillermo Hoyos, Flabio Torres y Javier Torrente, entre otros.

En ese contexto llegó Hernán Lisi en septiembre del año pasado. El argentino mantuvo la idea de Torrente, el club caldense comenzó a ser protagonista y todo iba encaminado a una clasificación segura a los playoffs. Sin embargo, Daniel Hernández tomó la decisión de ir a jugar al fútbol asiático y dejó cojo a su equipo. De eso nunca pudo recuperarse el Once y por eso terminó por debajo del décimo puesto en la liga pasada. Ese equipo, que atacaba bien pero defendía mal, ya no hacía ni lo uno ni lo otro.

Michael Ortega regresó a Colombia para darle una nueva oportunidad a su carrera

En ocho jornadas disputadas, el Once Caldas tan solo ha obtenido nueve puntos de 24 posibles. La crisis se agudiza si a ello le agregamos que desde el pasado 24 de septiembre no gana en el Palogrande, ese día venció 2-0 al Envigado. No obstante, Lisi ha ido encontrando la clave para sacar al equipo de la crisis, a mediano plazo. La llave la tiene Michael Ortega, que recibió el testigo de Daniel Hernández.

Frente al Junior, por la novena jornada -Once Caldas tiene pendiente un partido de la sexta fecha contra Rionegro Águilas-, el exjugador del Bayer Leverkusen se dio cuenta que está ante una de sus últimas oportunidades de sobresalir en el mundo del fútbol. Ortega, que en el primer tiempo lució desubicado y alejado de la pelota, recordó para la segunda parte que su relación con el esférico siempre ha sido estrecha. Secundado por el sabio Elkin Soto, un mediocampista virtuoso que palia sus dificultades físicas con una visión de juego envidiada por la mayoría de los volantes de primera línea colombianos, Michael devoró la cancha cuando lo deseó en la segunda parte, tuvo muchos toques en espacios reducidos que fueron productivos para su equipo. Jugó, puso a jugar y salvó al blanco-blanco de una nueva derrota en casa.

Los blancos tienen un problema muy grave a la hora de hacer transiciones defensivas

Las limitaciones de la nómina del Once Caldas son notables, pero Ortega y Soto han logrado esconderlas hasta cierto punto en ataque. En defensa, Lisi tendrá que buscar una solución a los problemas que está teniendo en las transiciones, principalmente. El Junior, con Jarlan Barrera aprovechando el espacio a espalda del Alcatraz García para lanzar y Edinson Toloza haciendo lo suyo al atacar las espaldas de los centrales, desnudó esas falencias y estuvo cerca de llevarse los tres puntos del Palogrande. Pero fue allí, en esa circunstancia, que Michael y Elkin le dieron a su hinchada una oportunidad, por más pequeña que sea, de ilusionarse con que las cosas pueden salir mejor en Manizales.

Mención especial para Alexis Pérez. Su partido como lateral izquierdo fue una bocanada de aire para Alberto Gamero, tanto así que en un momento del encuentro Hernán Lisi debió cambiar de costado a Dany Cure, quien fue el jugador más incisivo y, a la vez, más impreciso del Once en el primer tiempo, porque el central barranquillero estaba deteniendo todas sus intenciones ofensivas.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *