Del Deportivo Cali del Pecoso Castro siempre dijimos lo mismo: su gran problema era que, salvo la inspiración de Santos Borré, una vez se fue Yerson Candelo, el equipo nunca era capaz de cambiar de ritmo y de acelerar, y que, en general, jugaban excesivamente lento, penalizando el ataque, la pérdida de balón, la transición defensiva y exponiendo a sus centrales. Mario Yepes heredó ese problema y jamás encontró cómo solucionarlo. Ese fue su pecado.

El Cali lleva dos ciclos con el mismo problema futbolístico

Lo cierto es que el Cali tiene una de las mejores nóminas del fútbol colombiano. Un portero de selección Colombia, laterales con cierta proyección, centrales que individualmente imponen, un mediocampo de lujo y un goleador fantástico. Aun así, el equipo jamás terminó de completar un partido redondo. No fue por falta de trabajo. En el equipo de Yepes se observaban estructuras coherentes que debían dar paso a un equipo dominador, pero nunca lo hicieron. El Cali quiso ser superior desde la gestión del balón desde los primeros pases y la recuperación arriba. Jamás pudo serlo porque nunca encontró la forma de pasarse el balón a una velocidad y ritmo que desorganizase al rival. Ese fue su pecado.

Yepes le dio el papel central de su equipo al argentino Sambueza. El enganche está adecuado con agilidad para superar pares y un aparato técnico con el que crear goles y asistencias; sin embargo, su juego es inmóvil. A Sambueza le cuesta encontrar recepciones libres y crear líneas de pase. Jugando por dentro, eso fue un déficit que el Cali jamás pudo suplir. Siempre fue fácil defenderlos, aunque por la calidad de sus jugadores el gol pudiese caer en cualquier momento. Sambueza acerca al gol, pero te aleja del dominio. El Cali fue el fiel reflejo del futbolista que escogió como estrella. Ese fue su pecado.

Roa y Benedetti tienen la llave para solucionar la lentitud del Cali

Ahora que no está Yepes, Jairo Arboleda, que dirigirá ante Santa Fe esta noche, decidió alinear un 4-1-4-1 en el que Andrés Pérez le cubrirá las espaldas a los cuatro enganches del equipo: Roa-Candelo-Benedetti-Sambueza. Aún no conocemos cómo se organizarán, pero uno quisiera que el argentino, dada su innegable valía técnica pero problemática en el juego, se acostara en una banda desde la cual pudiese recibir sin que necesite un trabajo futbolístico complejo previo, y que Nicolás Benedetti jugase por dentro. Yepes nunca confió en el talento organizador del canterano y lo redujo a ser un futbolista que cuele goles y asistencias, casi que jugando como segundo delantero. Benedetti es, ante todo, orden. Y al Cali, ese orden, es lo que le permite desordenar al contrario. Si el Cali, con Arboleda en el banquillo o quien venga después, se entrega a Benedetti, puede encontrar la pieza que le dé sentido a su excepcional plantel. Esa puede ser su redención.

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