¿Sabían lo que habían hecho? ¿Eran conscientes de semejante primera mitad que bordaron? Seguramente sí. Seguramente en el vestuario, en el entretiempo, al mirarse los unos con los otros supieron que habían vuelto a levantar una muralla digna de la piedra y cincel de Gerardo Pelusso en las noches continentales.

Y aquello no era poca cosa. Desde que el uruguayo abandonó el banquillo cardenal, Santa Fe libra una batalla consigo mismo en busca de aquellos valores perdidos que lo llevaron a lo alto del fútbol del hemisferio. Seguramente por eso en el vestuario, luego de semejantes 45 minutos, se sintieron acreedores de su trofeo personal. Entonces, ya sin musa en el camino, embriagados de sí, su muralla se desplomó.

Más de un año después, Santa Fe volvió a ser una auténtica muralla

Los primeros 45 minutos en el estadio Hernando Siles de La Paz tuvieron por regla al local chocando una y otra vez con el muro cardenal, en una de las más cabales puestas en escena de Gustavo Costas en Santa Fe. Con un 5-3-2, con Jonathan Gómez solidario en los quehaceres defensivos, fueron Yeison Gordillo y Sebastián Salazar quienes brillaron en el medio con su oficio incansable. Sumado a esto, los centrales Héctor Urrego y Carlos Henao barriendo cualquier filtración boliviana redondearon el indiscutible dominio albirrojo desde la defensa.

No por esto el plan de Gustavo Costas careció de ambición. La ausencia de un mecanismo que le permitiera asociarse y tomarse un respiro habla de un Santa Fe dispuesto a sostener el ritmo de The Strongest. Y el desarrollo del partido le daría la razón.

Casi sin oxígeno, Sebastián Salazar bordó un primer tiempo magistral

A partir de un Sebastián Salazar pletórico, Santa Fe hiló una serie de robos valiosísimos justo en la zona débil boliviana: la de su lateral izquierdo, Marvin Bejarano, quien se mostró impuntual en los regresos. Como resultado, Juan Daniel Roa y Anderson Plata tuvieron muchos metros a disposición para transitar con frenesí y provocar las situaciones de gol más claras del primer tiempo.

La ineficacia cardenal se puede explicar en gran medida a partir de la posición de Johan Arango, quien ya había demostrado en Deportivo Pasto que, haciendo las veces de 9, es menos peligroso. Sin referencia por delante que distraiga atenciones y brinde espacio a su pegada, así como su escasa velocidad para desmarcarse a portería, Arango pierde contundencia en el contragolpe. Y Santa Fe lo padeció.

El expreso rojo no supo aprovechar su momento

Pero la condena del equipo de Costas estuvo en una serie de fallos individuales impropios respecto a lo mostrado en el primer tiempo, lo que habla de cierto exceso de confianza que Alejandro Chumacero no perdonó. A partir de unos desmarques potentísimos y demoledores, el centrocampista boliviano fue el héroe de la noche.

Para recomponer el camino, Gustavo Costas ordenó el ingreso de un Kevin Salazar que poco pesó en el partido, en gran medida porque su equipo no se mostró convencido de asociarse con él. Una dinámica que tendrá que cambiar si bien Salazar es el elegido para escenarios de remontadas; escenarios que, en la Copa Libertadores, son el diario vivir.

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