El estadio Pascual Guerrero se vistió de gala. Más de 38.000 personas asistieron al máximo escenario de fútbol de los caleños para presenciar el primer América-Nacional liguero de los últimos cinco años. Sin Ernesto Farías y Juan Camilo Hernández, ausentes por lesión, Hernán Torres presentó su mejor once para batirse al equipo que dirige Bernardo Redín, que no tuvo entre sus once inicialistas a Aldo Leao Ramírez y Andrés Felipe Ibargüen por decisión técnica.

En ese contexto, arrancó un partido que estuvo determinado por la cautela de ambos entrenadores. América saltó a la cancha con un 4-2-2-2 en el que flotaban detrás de Yorleys Mena, un incisivo Cristian Martínez Borja, Brayan Angulo y Steven Lucumí. Lo que buscaba Torres era hacer daño por las bandas, desbordar y centrar para buscar una anotación por arriba. Sin embargo, Redín hizo contrapeso a esta situación poniendo como extremos a Matheus Uribe y John Edison Mosquera, cuya tarea principal era detener la salida de los laterales rojos, vitales para la construcción de juego por los costados. Aunque debe destacarse que la movilidad de Martínez Borja y su forma de sostener la pelota le hicieron ganar metros al conjunto escarlata en campo verdolaga.

En las ocho fechas que van de la Liga Águila, Martínez Borja ha sido el jugador más determinante para los ‘diablos rojos’

Con el ataque del América neutralizado, Atlético Nacional tenía que poner de su parte para hacerse del partido. No obstante, con Uribe y Mosquera retrasados, cuidando las bandas de los veloces laterales locales, el peso del ataque recaía en Alejandro Bernal, Macnelly Torres y Dayro Moreno. Los de Hernán Torres, concentrados en lo suyo, le hicieron la vida imposible a los tres jugadores verdes que aparecían en posiciones ofensivas por el carril del medio. Los pivotes, Jonny Mosquera y Camilo Ayala, y los centrales, Efraín Cortés y Diego Hérner, se comprimían y cerraban la mayor cantidad de espacio posible en campo propio. El margen de acción para los atacantes verdolagas era nulo y fue por ello que a Macnelly le costó filtrar balones y a Dayro pivotear para hacer circular el balón. Bernal fue el aire en este escenario, pero no el suficiente para sacar adelante el partido a favor de su equipo.

En la segunda mitad, la constante del primer tiempo se mantuvo. Ninguno de los dos equipos era superior ni le hacía daño al rival. El partido cayó en un bache del que sólo logró salir cuando Bernardo Redín le metió la mano al encuentro. Al minuto 66, ingresó Andrés Felipe Ibargüen por John Mosquera.  El ex del Tolima comenzó a desequilibrar y causar dolores de cabeza en el costado izquierdo de la cancha, pero al mismo tiempo dejó suficientes metros a su espalda para que el América tratara de colarse en el área de Franco Armani. El partido se abrió y ambos equipos intentaron inclinar la balanza a su favor.

Carlos Bejarano le salvó la noche al América con tres atajadas claves, a las que se les sumó un balón que pegó en el palo

El guardameta rojo fue clave en este tramo. Si bien ambos equipos lograron acercarse a las porterías contrarias, fue Nacional el que mejor pudo materializar esto. Ibargüen activó el circuito y Macnelly, Uribe y Dayro aparecieron. Los verdes provocaron tres faltas en el borde del área, una de las cuales no existió y derivó en la injusta expulsión de Efraín Cortés, que luego transformaron en un tiro en el palo y dos atajadas de Carlos Bejarano. La otra oportunidad se dio tras un desborde de Ibargüen, que el cancerbero americano despejó tras una estirada notable.

Al final el partido concluyó 0-0. La sensación que dejó el regreso de uno de los grandes Clásicos del fútbol colombiano es que ambos equipos pudieron haber dado más de sí para hacer del juego algo más vistoso. Las precauciones que tomaron fueron determinantes porque, si bien funcionaron a la perfección, dejaron un sinsabor por el juego ofensivo mostrado por los dos conjuntos en las jornadas anteriores. América y Nacional tienen una deuda pendiente con las hinchadas, ya veremos si la saldarán en los playoffs o en el próximo torneo.

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