La Copa Libertadores castiga sin piedad a quienes no considera dignos de ella. Año tras año se presentan a su estrado hombres que acumulan gestas en ligas domésticas, pero hacen aguas en las noches continentales. Atlético Junior tiene algunos de éstos.

Pero la Libertadores es justa, y no se opone a la seducción de los hombres que lo mismo les da batallar en tierras ajenas: defienden su honor en el Río Cauca y el Río de la Plata por igual. Atlético Junior también tiene de éstos.

La trinchera tucumana pareció infranqueable los 90 minutos

Atlético Tucumán saltó a la cancha del Jaime Morón dispuesto a levantar una fortaleza en su campo. En este contexto, el tiburón pasó apuros al momento de entregar el balón limpiamente a los de arriba, consecuencia tanto del estado irregular del gramado como de la férrea presión visitante.

El raspe-raspe tucumano comenzó entonces a cobrar víctimas. El primero fue Sebastián Hernández, a quien sus toques de más al momento de controlar el balón le hicieron inofensivo ante la siempre intensa defensa argentina. Uno menos.

Conforme pasaban los minutos y se llenaba de confianza, el equipo de Lavallén encontró en el doble pivote tiburón la oportunidad para raspar arriba. Entre James Sánchez y Leonardo Pico, fue éste último quien no logró sobrevivir, acusando fragilidad para jugar en espacio reducido. Al boyacense el ritmo tucumano le pudo. Otro menos.

Ovelar y Aponzá iluminaron el camino

En su primera prueba de fuego en esta Copa Libertadores, el tiburón parecía jugar con nueve. Que Roberto Ovelar y Robinson Aponzá lograran compensarlo creando peligro en el arco de Cristian Lucchetti habla de la vigencia del paraguayo y el peso que ha ganado el caucano en el Junior. Ovelar pivoteando y dejando de cara a los suyos cuando aquello parecía imposible; Aponzá sorteando vigilancias de hasta tres argentinos a la vez.

Los pocos pero valiosos desbordes que dejó Robinson Aponzá en la primera parte sentaron precedente para Alberto Gamero: el caucano estaba inspirado. En efecto, el técnico samario dio rienda suelta a la chispa de Aponzá, en lo que fue el gran acierto del encuentro. Para la segunda mitad, el caucano tendría vía libre para partir desde la mediapunta, lo que desató confusión en Atlético Tucumán.

Aponzá recibía el balón justo donde la defensa y el mediocampo rival dudan sobre quien debe encimarlo. De esta manera, y con sus gambetas atrayendo atenciones en el carril central, Alberto Gamero vio la oportunidad para espolear por las bandas con el ingreso de Jorge Aguirre por el ingrávido Sebastián Hernández. Así, luego de aquel segundo acierto, Gamero derribó la trinchera tucumana.

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