La desolación de las gradas del Palogrande habla de la incertidumbre de un Once Caldas que sabe lo que quiere, pero no halla el cómo hacerlo. Esta vez penó ante un Deportivo Cali que, en contraste, fue sólo certezas, al menos durante 45 minutos. Mario Alberto Yepes asaltó Manizales dispuesto a sacar provecho de la impotencia del equipo de Lisi. Y así fue.

Desde el pitazo inicial el balón fue para el local, en parte porque Hernán Lisi ha diseñado un equipo para que así sea y en parte porque el Deportivo Cali así lo prefirió. Mediante el mecanismo de salida de balón popularizado por Ricardo Lavolpe, fue Julián Guillermo el encargado de orquestar los primeros compases del equipo, y justo entonces comenzaban los tropiezos del blanco-blanco.

La falta de ritmo de Ortega y Guillermo lastró al Once Caldas

El equipo de Lisi mostró serios problemas para mover el balón, donde Julián Guillermo y Michael Ortega se vieron incapaces de desajustar a Andrés Pérez y Abel Aguilar. Más allá del bajón de ritmo por el que atraviesa, el doble pivote albo no supo darle fluidez al ataque, no figuraban con regularidad, las jugadas los pillaban lejos y, en consecuencia, el Deportivo Cali tenía una autopista por delante para encontrar a Jefferson Duque una vez robaba el balón.

Cabe señalar que tanto Dany Cure como Luis Sinisterra profundizaron la pesadilla manizalita, pues ninguno ofreció una línea de pase constante y segura para Guillermo y Ortega. Así las cosas, el Deportivo Cali jugaba cómodo y pudo transitar siempre a la velocidad de Fabián Sambueza, que corrió a placer.

Cali dudó en la segunda parte

Para el segundo tiempo, el ingreso de Mateo Cardona y John Fredy Salazar se tradujo en los huecos que Andrés Pérez y Abel Aguilar no habían tenido que tapar en la primera mitad. Como ninguno pasa por su mejor versión, el Deportivo Cali perdió serenidad, tal como lo reflejó la triple expulsión. Sólo hasta entonces Mario Alberto Yepes encontró verdadera oposición.

El Deportivo Cali de los mediapuntas sigue ganando tiempo para ser el Deportivo Cali de los mediapuntas, obra y gracia de su goleador. Para Hernán Lisi, en cambio, el tiempo está corriendo con frenesí. El argentino sigue sin convencer a su equipo de asociarse, lo que es lo mismo que tener a Michael Ortega como un simple y llano espectador.

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