Las cosas que más disfrutamos seguramente son las que menos tiempo duran. Todo transcurre rápido cuando hay placer, pero nada de ello se nos olvida en ese lapso.

Adquirir forma en el fútbol definitivamente cuesta, al menos en lo físico, para muchos. Pero pocos pueden sobrevivir con su calidad. En Colombia, cuando recién inicia la competición de la Liga, solo uno, hasta ahora, ha sacado sonrisas entre los aficionados.

Ayer, precisamente, fuimos testigos que el barco en el que está al frente Zubeldía navegará por aguas turbias y profundas, pero no tiene de qué preocuparse. Con Quintero podrá anclar en cualquier puerto y asentarse ahí siempre que el 10 quiera, y que Marrugo y Goma le acompañen.


Zubeldía de arranque muestra ser un tipo de fútbol, con una fina lectura de juego y, sobre todo, apasionado con aquellos que muevan con calidad el cuero

Independiente Medellín en El Campín tuvo muchos problemas con la pelota en la primera mitad. El manejo y control si bien le restaba peligro a sí mismo, con ella no producía riesgo. Por un lado, porque los laterales no eran opciones de pase en diagonal sino en horizontal, y eso atascaba la altura del equipo en campo contrario. Y por otro, en definitiva, Zubeldía entendió que el equipo requería de un “delantero fijo”, un nueve entre centrales. Valentín Viola se movió bastante bien, aunque lo hacía generalmente desde un extremo, sus toques si bien fueron importantes para mantener el sentido de la posesión, no lograban satisfacer a Marrugo ni a Quintero. El DIM simplemente trasladó la pelota de lado a lado sin adentrarse a donde quería: último cuarto de cancha.

El ingreso de Caicedo puso todo en orden. El DIM requería ganar libertad para que Marrugo y Goma Hernández se movieran y alcanzaran distintas alturas en las posesiones. Quintero, más que Christian, era quien se encargaba de sacar la pelota. Goma en un principio se desprendía de la salida y atacaba al espacio. Con el ingreso de Caicedo, la función se limitó a fijarse casi como mediapunta para que el equipo ganara profundidad. Mientras Hernández hacía de pívot, Quintero intentó siempre buscar líneas de pase ascendentes y utilizó a Goma como imán para situar al DIM arriba.

Medellín puede sacar enorme provecho del golpeo de balón de Juan Fernando Quintero

Los movimientos de Quintero fueron difíciles de seguir porque él ordenaba desde cualquier sector del campo, Millonarios con un hombre menos no ejercía presión alta y Juanfer coordinaba desde la zona central o la hacía corriéndose a un costado para que Marrugo ordenara desde el medio. El 10 desaparecía, una vez desordenado el rival buscaba recibir perfilado o de frente al arco, y desde ahí, su dominio y determinación es sublime.

Maldito dilema que es el tiempo; entre más corra, mejor le veremos. No obstante, de ir creciendo su nivel, como lo hemos visto partido tras partido, en el fútbol colombiano le disfrutaremos muy poco. Pero qué importa. Si sonríe Juan Fernando Quintero, sonreiremos todos.

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