La Colombia del Piscis Restrepo, en su segundo partido del Hexagonal final, volvió a no sumar de tres puntos luego de caer derrotada por 2-1 en el último minuto contra la selección argentina. Una derrota que, a mal o buen sabor de boca, derrama una contundente conclusión: esta selección sin Eduard Atuesta no se ve capaz de todo. O al menos de ganar. Porque además, por milagroso que resulte el fútbol del Cucho Hernández en medio de la soledad, Atuesta conecta carriles, lidera el juego desde atrás y, por si fuera poco, adquiere la responsabilidad de (casi) todo un doble pivote. Eduard hace más equipo a uno que aún no lo es.

A nivel de propuesta, lo del Piscis entre alineaciones y planteamientos venía siendo algo triste, sobre todo por el talento que atesora su nómina. Sin embargo, en el partido ayer, decidió romper el molde y sacó desde el principio a Daniel Rojano, Ever Valencia, Juan Pablo Ramírez, Julián Quiñones y Juan Camilo Hernández. Dicho esto, tres de los cinco necesitan balón, mucho balón, para exponer sus virtudes y esconder sus defectos. Pese a que el Cucho ofreció ese extra de movilidad para que pudieran tocarla con más cancha, Colombia se atoró repetitivamente en campo rival porque cada posible destino pensaba en controlar y jugar en lugar de moverse y recibir. Es decir, Colombia se encogió en terreno argentino.

Colombia completó unos segundos 45 minutos bastante buenos con la pelota

Para la segunda mitad, entre el cambio de dinámica y la entrada de Christian Mina, quien abasteció de anchura, profundidad y desborde individual al ataque colombiano, la tricolor fue metiendo a la Argentina de Claudio Úbeda contra su portería paso por paso. Los mismos consistían en asumir la total iniciativa y posesión del esférico, reproducir calma a la hora de encontrar los espacios y marcar pronto el gol del empate para creer en la remontada. La fe actuó y Colombia se puso 1-1 con anotación de Hernández de cabeza. Y la transformación parecía llegar a su punto más alto con Atuesta, pero a los dos minutos de haber ingresado se marchó a la calle tras recibir tarjeta roja.

Por razones lógicas Colombia se encerró, apaciguó los tiempos y creyó en la validez del punto. Pero nuevamente salió a la palestra su pasividad defensiva en momentos cumbre. Como en el 1-0 de Paraguay, como ante Ecuador y como en el día de ayer. Toda una imagen renovada a nivel de regularidad ofensiva del conjunto de Carlos Restrepo se vio manchada por dos fallos conceptuales en el fondo. A pensar ya en Uruguay.

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