La noche de Copa Libertadores señaló al Estadio Arena da Baixada como punto de partida de un capítulo histórico para el fútbol colombiano: el inicio de la era Miguel Ángel Russo en Millonarios. Pese a la derrota en territorio brasilero, el desarrollo del juego, sobre todo en la primera mitad, dio cuenta de un incuestionable impacto del entrenador argentino al interior del vestuario albiazul. En 45 minutos, Millonarios demostró una energía y convicción impropios para el alba de la temporada.

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La gran novedad que presentó el embajador fue la ausencia de ‘Manga’ Escobar, puntero izquierdo en el 4-3-3 de Diego Cocca donde los punteros lo eran todo. Como respuesta a la ausencia del caucano, Miguel Russo se estrenó en Millonarios con un 4-1-4-1, donde Maximiliano Núñez haría las veces de volante por derecha.

En la medular, Maxi enfocó su ímpetu habitual en ataque para, esta vez, perseguir rivales. En 45 minutos, el argentino no dio tregua y contagió segundo a segundo a Henry Rojas y, sobre todo, Jhon Fredy Duque, lo que resultó en un mediocampo entusiasta, robusto e impenetrable para Atlético Paranaense.

El equipo de Russo se mostró predecible en ataque

Si bien Millonarios pasó pocos apuros en la primera mitad, tampoco supo inquietar al conjunto de Autuori. En ataque, el embajador no mostró otra intención más que el centro al área, lo que resultó en una monotonía fácil de defender para la zaga brasilera. Millonarios no encontró en Eliser Quiñones el veneno colgando balones al área que sí tiene Maxi Núñez, esta vez muy lejos del banderín de córner rival. El agravante estuvo en el mediocampo, donde sobretodo Juan Guillermo Domínguez se vio incapaz de intentar otra trama para el juego albiazul.

Luego del gol en contra, Miguel Russo dio ingreso a un David Macalister Silva que con su sola presencia hizo otra cosa de Millonarios. El bogotano oxigenó el ataque embajador creando sociedades como no había intentado antes el conjunto albiazul, al punto en que de sus botas nació una situación clara de gol que el poste le negó. A Silva le bastó media hora en la cancha para sentar precedente. Ahora Miguel Ángel Russo tiene la palabra.

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