Robinson Aponzá y Leonardo Pico personalizaron el partido que diseñó Alberto Gamero para ganar en su estreno oficial como estratega rojiblanco. Tanto en la teoría como en la práctica, definieron a la perfección el propósito principal de Junior, que básicamente consistía en esperar y lanzar con metros y que se adaptaba al gramado sintético del Polideportivo Misael Delgado. Quizás atravesó unos primeros minutos incómodos, pero con el correr del cronómetro, el gol de Aponzá y la pachorra de Pico, Junior se estableció en el envite, ganó estabilidad y dejó de sufrir.

La victoria juniorista se obró a través de un desarrollo práctico

Resultó en acierto que Gamero se decidiera por dicha propuesta. Aunque Junior no estaba cómodo, tampoco sufría. En primer lugar porque Caracobo no movía la pelota tan rápido de un lado a otro, y a los equipos entrenados por el samario se les necesita mover a pocos toques para que no recuperen pronto su dibujo inicial (4-4-1-1), pues les da igual dónde se origine la pérdida. En segundo lugar, porque Pico se comportó tranquilo con balón, transmitiendo serenidad, tomándose todo su tiempo y dejando muy claro que el partido tenía 90 minutos por delante. También sin él y como pivote más posicional, que es la noticia más positiva.

El otro nombre que impactó fugaz y directamente sobre el plan tiburón fue Aponzá. A veces algo precipitado para emprender la carrera de cara a contragolpear, pero fue siempre el arma que dotaba de profundidad y desequilibrio cada cuanto Junior tenía metros para correr. De hecho, en una jugada inventada de principio a fin por el ex Alianza Atlético nació el único gol del encuentro. Golazo, por cierto. Y así sumó Junior su primera victoria de la temporada y en la Copa Libertadores.

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