Para la Dimayor el año nuevo no supuso una oportunidad para cambiar las dificultades que afronta el fútbol colombiano.  El calendario de la Liga, que ya tiene cuatro partidos aplazados sin haber empezado, y lo que está pasando con el Cúcuta Deportivo, que no jugará en la ciudad que lleva en su nombre, son solo dos de los ejemplos más visibles del desorden administrativo del ente rector del fútbol en Colombia.

Por un lado, desde finales del año pasado, la Conmebol publicó el calendario de las Copas Libertadores y Sudamericana. Teniendo en cuenta eso, la Dimayor debió acoplar su programación al fixture del ente regional, procurando que se jueguen la menor cantidad de partidos posibles de liga en las fechas acordadas por la Confederación Sudamericana de Fútbol para sus competencias. Sin embargo, Millonarios y Junior tuvieron que aplazar sus partidos de la segunda fecha -léase bien ¡segunda fecha!- porque estaba programada en la misma semana que sus encuentros continentales. Si ambos equipos clasifican a la siguiente fase, tendrán que aplazar sus partidos de la quinta jornada también.

Sin ir más lejos, aplazar estos partidos no solo perjudica al Junior y a Millonarios, sino también a Nacional y Santa Fe, que jugarán la Libertadores y a la postre aplazaron su partido de la primera jornada por petición de los verdolagas. Los azules se enfrentan a los rojos por la segunda fecha, que se debía disputar la próxima semana, mientras que los tiburones visitarían al campeón de la Libertadores en la quinta fecha en la semana del 20 al 24 de febrero.  Todo esto supondría apretar un calendario que ya es apretado.

Por otra parte, el Cúcuta Deportivo, recordado en América por su campaña de Copa Libertadores en 2007 cuando llegó a semifinales, hará las veces de local en el municipio de Zipaquirá, que está ubicado a 530 kilómetros de Cúcuta, porque el alcalde, César Rojas, y el gobernador de Norte de Santander, William Villamizar, decidieron no prestarle el estadio General Santander al club.

«No vamos a permitir que los dueños del Cúcuta continúen utilizando el nombre de la institución solo para beneficiarse y no sacando un equipo competitivo que realmente haga quedar bien los colores de Norte de Santander y de nuestro rojinegro», aseguró el gobernador en octubre pasado

Lo que esto demuestra es que la Dimayor no está ejerciendo el control que debería sobre los clubes. Es lamentable que un tradicional como el Cúcuta Deportivo esté afrontando una situación de esta índole por un capricho dirigencial o que Uniautónoma, que descendió a Segunda División en 2015, haya desaparecido y entregado su ficha así como así. Esto último sucede, en gran medida, porque el fútbol profesional en Colombia está limitado a tan solo 36 equipos, 20 en la A y 16 en la B, pues no existe una tercera categoría ni nada parecido a ello.

El balompié nacional nunca se va consolidar a nivel internacional en la medida en la que sus dirigentes improvisen y permitan que pasen cosas absurdas, como las de los aplazamientos y el Cúcuta Deportivo, solo por dar dos ejemplos de lo que pasa año tras año.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *