El 2016 parecía traer para Rafael Carrascal el paso hacia al frente como futbolista que siempre reclamó desde que debutara en Primera División. En un Alianza Petrolera de presentaciones características por su repliegue made in Holguín-Upegui, su hambre en campo propio y su perspectiva veloz, se erigió como una de las notables noticias por todo lo que su potencial conlleva, tanto pie fino como visión telescópica. Era imposible no percibir jornada tras jornada a Carrascal; fue el jugador en aquel entonces por sus gestiones de balón desconocidas en clave Liga Águila. Sin embargo, la indefinición y la omnipresencia sin tener un físico privilegiado remarcaron con tintes grises sus actuaciones sobre el verde. Rafael no estaba para guiar un grupo por 90 cambiantes minutos. A mitad de camino, el transporte se quedaba varado. Urgía de una aclaración de condiciones e intenciones. Pero eso, entonces hasta el momento, no ha surgido.

Rafael ofrece alternativas, pero la mayoría con la pelota de protagonista

Y aunque su aventura en Millonarios haya dejado más conclusiones negativas que positivas, jugar en Bogotá determinó para qué está hecho en primera instancia. Como gestor de juego, organizando piezas a través de señas y pases, haciendo progresar las fases de posesión, invita a todos moverse. Todos quieren conocer ese envío raso. Lo que más se espera cuando Carrascal tiene el balón en los pies es movilidad. Con Ovelar, Toloza, Aponzá, Aguirre y Cuesta, la insistencia no escaseará. Si en Rafael hay seguridad y confianza, lo que saldrán de sus botas son ventajas. Es capaz de animarse a cualquier toque, por menos espacios y más piernas por medio que haya.

No hay reflejo de sus 24 años de edad

Para más inri está su diferenciación en momentos de inicio de juego. Interpreta maravillosamente bien el parado rival, el contexto del partido y las necesidades del mismo. Es allí donde Alberto Gamero, sin ser un especialista, puede montar una interesante y aceitada salida desde atrás. El mediocentro sincelejano está fundido de soluciones con la pelota, de movimientos que sirven de peldaños para completar la escalera. Y como Carrascal conoce las necesidades de un interior para salir de posición a ocupar zonas altas, entra al abanico de posibilidades para configurar un simpático doble pivote su coexistencia con James Sánchez. No se conoce el grado, pero Carrascal le puede alcahuetear ciertas responsabilidades a Sánchez para que participe donde más hace daño: en zona de aceleración y determinación.

En Rafa hay un algo. Es como mediocentro y sobre la bola. La mayor parte de lo que hace es con total fijación hacia ella. De asumir más altos porcentajes de posesión e iniciativas, Junior se beneficiará. A su vez, su salida de balón. Le puede dar cancha a Jonathan Ávila y Alexis Pérez, hipotéticos centrales titulares, que destacan por conducir y pasar en largo, sobre todo el segundo. Para Carrascal es el año de la demostración y consolidación. Para percibir su techo de calidad, frescura e inspiración. Entre Liga, Copa y Libertadores, será un 2017 activo. Como su fútbol, que necesita estar en constante activación. ¿Reconocerá Gamero que tiene un ser especial?

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