En las calles de Barranquilla, entre falsas estrellas y falsos fichajes, suele correr un chiste cada vez que sale algún entrenador por la puerta de atrás: «Ya calientan el pelo e’ burra Comesaña y el ‘Zurdo’ López». Así fue cuando la familia Char decidió que Alexis Mendoza no siguiera al mando del equipo rojiblanco, y tal cual ocurrió cuando Giovanni Hernández fue apartado del cargo. Al final fue el samario Alberto Gamero el elegido para sentarse en el banquillo del Metropolitano, un premio más que merecido para un entrenador que lleva más de diez años sacando grandes resultados con equipos no llamados a obtenerlos.

Más allá del humor de la anécdotas, lo interesante de ella es que está basada en una realidad no muy lejana. Hasta hace poco, lo que hoy sirve de chiste era lo que acontecía cada vez que alguna apuesta juniorista en el banquillo fracasaba. López y Comesaña iniciaron su carrera en los banquillos entre finales de la década de los 70’s y comienzos de la siguiente. Y hasta hace poco, todavía eran los principales candidatos a nuevo entrenador juniorista. La tendencia, por supuesto, no era única de los tiburones; era nacional.

Pero eso se acabó. El éxito sin paliativos de Juan Carlos Osorio, y de figuras afines en el fútbol mundial, permitió que una nueva generación de entrenadores desplazara finalmente a los Prince, Otero, Castro, Bernal y compañía, quienes aunque siguen siendo contratados, no monopolizan el mercado colombiano ni taponan la llegada de nuevos talentos al FPC. Los Rivera, Bodmer y Corredor, además de los extranjeros Zubeldía y Rescalvo, dirigirán equipos de primera división con una edad en la todavía podrían ser futbolistas.

Lo importante de este derroche de juventud está, por supuesto, que con ella viene una modernización y actualización en las formas y métodos del fútbol colombiano, que durante la década anterior vivió anclado en una filosofía de juego y entrenamiento con tendencia a lo obsoleto. Aunque los grandes protagonistas de este deporte son los futbolistas, los entrenadores juegan un papel fundamental en el desarrollo y gestación de los grandes equipos y los grandes campeonatos. Sin dinero, en la mayoría de los casos, para contrataciones deslumbrantes, la apuesta de los clubes colombianos por acumular talento e ideas frescas en sus banquillos ha dado réditos, y eso que el camino de esta nueva generación apenas comienza.

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