La situación es la siguiente: Ecuador, que posee una estructura sólida y jugadores de buen pie, no tiene el balón, pero cuando sí lo posee, suma pases y pases en la zona ancha del terreno de juego que Colombia no logra defender. Kevin Balanta, capitán y hombre más experimentado del equipo, abandona su posición y presiona a quien controle la pelota, sin éxito. Esa decisión de Balanta provoca una serie de desajustes defensivos que exponen a sus demás compañeros frente a los veloces, técnicos y organizados ecuatorianos. Es la ley de la improvisación: todos los jugadores colombianos se ven forzados a actuar como satélites, y no como un equipo. Y pierden. Conceden situaciones de ventaja a sus rivales.

Esa dinámica, presente durante gran parte de la primera mitad, impidió que Colombia lograse dormir el partido cuando ya la victoria estaba en sus manos. La calidad diferencial de los atacantes colombianos, especialmente el trío Atuesta-Hernández-Ceter, le había dado a los de ‘Piscis’ una cómoda ventaja en el marcador, pero cuando los colombianos quisieron quitarle ritmo al juego y comenzar a controlar más lo que ocurría en un partido atropellado en el que se jugaba lo que Ecuador quería, no lo lograron. No sólo ya por la imposibilidad de recuperar la pelota y las concesiones defensivas que originaron el descuento, sino por lo inoperante que el plan de Restrepo había terminado siendo.

El 4-4-2 de Piscis ofreció muchas concesiones a Ecuador

En el primer partido, se evidenció un problema de compatibilidad posicional entre Hernández y Ramírez que motivó al entrenador antioqueño a prescindir del volante de Nacional en pro de un jugador con quien no existiese conflicto. Colombia salió ante Ecuador con un 4-4-2 en línea con dos extremos en las bandas. La idea, que estaba justificada aunque no fuese lo ideal, no funcionó del todo por la estrechez del campo de juego, que convirtió en inocua la posición abierta de Obregón y Quiñones, y por el mal partido de estos dos, que no sumaron de ninguna forma ni ataque ni en defensa.

Detectado eso, ‘Piscis’ corrigió, dio entrada a Ramírez en banda derecha para asociarse con Hernández sin dejar de tapar la banda izquierda ecuatoriana, pero tampoco tuvo mucho éxito la medida. Los problemas defensivos continuaron y se extendieron porque Ramírez no cumplía con el duelo físico que le proponía Estupiñan, el lateral zurdo rival. Ecuador pasó ya no solo a dominar el choque sino también crear ocasiones de gol y desconectar del todo el ataque colombiano, situación que se hizo mayor con la lesión de Atuesta y la pérdida de un primer pase diáfano.

Sin Atuesta, el balón nunca llegó limpio a zonas de aceleración

Y Colombia empezó remar ante la adversidad improvisando en todas sus jugadas, tanto en ataque como en defensa. Sin un plan de juego claro ni vías seguras para explotar la calidad de sus mejores hombres, la ofensiva colombiana se volvió insípida y fácil de defender, mientras que las licencias del doble pivote colombiano, formado por los dos Balanta, le dio a Ecuador un clavo ardiente del que agarrarse en cada incorporación a campo contrario. Así, a pesar de que Colombia logró empatar el partido, al final Ecuador consiguió imponerse porque el mediocampo colombiano nunca supo defender los pases de su rival y los jugadores ecuatorianos siempre recibieron en posiciones de privilegio con total ventaja, exigiendo resoluciones individuales por parte de Colombia que nunca llegaron, mientras que la acumulación de errores contagiaba emocionalmente a todos los jugadores colombianos. Ahora, con la clasificación cuesta arriba, Colombia debe mejorar. La línea del encuentro ante Paraguay es la que se debe seguir.

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