El Sudamericano sub-20 es el torneo juvenil por excelencia del hemisferio sur del continente. Es, también, el amanecer de un cafetal, donde sólo brillan las cerezas más rojas. En El Dorado Magazine repasamos esas cinco cerezas, esas cinco figuras que brillaron con fuerza en las últimas cinco ediciones del Campeonato Sudamericano.

1- EL 10 QUE DESPERTÓ LA ILUSIÓN

Colombia llegaba al Sudamericano de Paraguay 2007 en condición de campeón del torneo, luego de hacerse con el título dos años antes con una actuación inolvidable de Hugo Rodallega. Para la cita en territorio guaraní, Eduardo Lara contaba con una serie de nombres nada despreciables en la posición de volante de armado, donde ya figuraban Javier Reina y Sherman Cárdenas.

Pero el joven del momento, el propietario del dorsal número 10, fue un cartagenero con un fútbol ribereño como las trenzas en su pelo. En su debut, Juan Pablo Pino dejó atónitos a propios y extraños con una actuación consignada en una gran remontada ante la selección argentina. Gambeteador y rematador a distancia, Pino no tardó en formar una vistosa sociedad con Darwin Quintero, y su actuación en el torneo llamó la atención del Mónaco de Francia, que se hizo con sus servicios ese mismo año. Posiblemente ningún 10 haya suscitado tal consenso alrededor de su figura en tiempos recientes, hasta la llegada de un tal James Rodríguez.

2- UN PITUFO HABILIDOSO

El Sudamericano del año 2009 en Venezuela fue testigo de un hecho inédito en la competición. Después de igualar en número de partidos ganados, empatados y perdidos, así como en diferencia de goles, Colombia y Ecuador debieron someterse a un sorteo para definir al clasificado a la ronda final.

Hasta entonces, Sherman Cárdenas había sido suplente en la selección de José Helmer Silva. Esto tal vez obedeció a que su perfil era muy similar al de Javier Reina, el enganche titular, siendo Cárdenas inferior en el plano físico. Con todo y su talla desafortunada, el pitufo le cambió la cara a los partidos con su agilidad y capacidad rematadora cada vez que Silva lo requirió, cosa que le abrió un lugar en el onceno titular para afrontar el tramo final del torneo.

3- EL SOCIO DE JAMES

Era el año 2011, el año en que Colombia sería anfitrión de un Mundial juvenil por primera vez en su historia. Por esta razón, el seleccionado dirigido por Eduardo Lara disputaría el Sudamericano en Perú ya clasificado.

Esto no fue ningún atenuante para Michael Ortega, un volante 10 a la vieja usanza que no desaprovechó el Sudamericano para demostrar su calidad y ganarse un puesto entre el onceno mundialista de Eduardo Lara. Ortega destacó por una técnica notable y una gran visión para crear situaciones de gol. Meses más tarde, ya en el Mundial y con la inclusión de James Rodríguez y Luis Fernando Muriel, Colombia mostraría un fútbol de gran nivel. Ortega, por su parte, pasaría de jugar en el Atlas de Guadalajara al Bayer Leverkusen alemán.

4- UN ENGANCHE DESTINADO A MARCAR UNA ERA

Para el Sudamericano sub-20 de Argentina en 2013, la abundancia de jóvenes promesas hacía muy difícil anticipar quién sería la figura del certamen. Con Juan Manuel Iturbe, Manuel Lanzini, Andy Polo, Rafinha, Adryan y Nico López en competencia, no era fácil dar con un favorito entre todos. Sin embargo, y pese a no contar con un equipo de aceptable calidad técnica, fue Juan Fernando Quintero quien maravilló a propios y extraños con un fútbol en su máxima constancia, delicadeza y expresión.

Que Quintero contara con la extrema misión de tomar decisiones con la pelota en ambas mitades del campo, y respondiera a tan desgastante tarea con 5 goles y 6 asistencias, le permitió dar el salto del Pescara italiano al Porto luso, el club cazatalentos más importante en el planeta balompédico, reconociendo tanto su talento como su estatus de futura estrella.

5- UN 9 CON AIRES DE ‘ARISTI’

En el último Sudamericano de Uruguay y a sus 19 años, Rafael Santos Borré recobró la idea principal de estos campeonatos juveniles: conocer a los jugadores del mañana. Con un ritmo de juego superior y una diversidad de registros alejada de su corta experiencia profesional, el barranquillero explotó a magnífica escala, logrando incluso compararle con Víctor Hugo Aristizábal.

Y aunque sus números (2 goles y 1 asistencia) no correspondieran con lo visto en el verde, pues su fútbol consistía en dejar huella sobre el juego y no tanto sobre el electrónico, Borré se ganó a base de empeño su carta como futbolista prometedor, llegando a dominar esa misma temporada la Liga Águila. Seis meses más tarde, Rafael Santos arreglaría su traspaso del Deportivo Cali al Atlético de Madrid.

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