1- UN MEDIAPUNTA GOLEADOR

Gustavo Costas dio inicio a su segunda etapa como entrenador de Independiente Santa Fe coartado por la confirmación de lo que hasta entonces era sólo un secreto a voces: Omar Pérez se había convertido en un veterano de guerra. Lejos de entregarse a la melancolía e impacientarse en busca de un genio sucesor, el entrenador argentino depositó su voto de confianza en un futbolista diametralmente opuesto al eterno 10. Jonathan Gómez, el elegido, no destacaba por su habilidad asociativa, y eran pocos los que se atrevían a darlo como conductor. El mediapunta santafecino se desentiende de la jugada a cambio de acudir a zonas libres; evita pases a cambio de encarar rivales; renuncia a gestar el juego a cambio de figurar sorpresivamente en el área contraria.

Gustavo Costas, eterno valedor del juego presuroso y urgente, encontró en Jonathan Gómez el cimiento perfecto para su nuevo proyecto.

2- LA PRESIÓN

Volcánico como el estratega argentino, este Santa Fe ataca pensando en cómo volver a atacar. Una vez pierde el balón, el porte atlético de Yeison Gordillo, Juan Daniel Roa y Anderson Plata está al servicio de una presión asfixiante en aras de reanudar la ofensiva cuanto antes. En este sentido, el resurgimiento de Sebastián Salazar, conocido por su sapiencia para defender hacia delante, ha resultado indispensable para el plan de juego de Gustavo Costas. Cuando el pivote bogotano acecha con naturalidad al rival en su parcela y se muestra capaz de plantar a su equipo en campo contrario, es señal que las cosas van de maravilla para el expreso rojo.

No obstante, la presión de Santa Fe no es infalible, ni mucho menos. Ante esto, Yeison Gordillo y Sebastián Salazar reconocen de inmediato cuando su causa está perdida y se ven forzados a replegar, no sin antes orientar el ataque rival hacia las bandas.

3- DEFENSA AÉREA

El plan defensivo de Santa Fe contempla que la ofensiva rival transite por afuera, y sólo por ahí. No decimos que el equipo haga de las bandas su zona de robo, ni mucho menos. De hecho, con su esquema de carrileros, el cual hace uso de un solo jugador en cada costado (Juan Daniel Roa por derecha y Leyvin Balanta por izquierda), supone para el equipo una constante inferioridad numérica respecto a sus rivales, que por lo general cuentan con un lateral y un volante en cada sector para desbordar a complacencia.

El beneficio está en cada vez que dicho desborde resulta en un centro al área que, fortificada con tres centrales de la talla de Héctor Urrego, José Moya y William Tesillo, por regla general no peligra en demasía.

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