El Atlético Bucaramanga de Flabio Torres volvió a mandar un mensaje inesperado, después del “requisito de la pelota para englobar su discurso en torno a ella”, sobre su candidatura al título. Seguramente en playoffs sea uno de los colectivos que menos calidad aúna línea por línea; sin embargo, es el que mejor ejecuta el recado de su entrenador. No por nada, sin poner en tela de debate, el estratega tolimense confeccionó esta plantilla, decidiendo tanto altas como bajas, y lo salvó del primordial objetivo por allá en la 14ª jornada.

Aunque tuvo un buen pasaje de fútbol el Cali, la defensa de cinco del Bucaramanga se sobrepuso a su juego de posesión

El partido, en general, se vio condicionado por el deficiente estado del césped del Álvaro Gómez Hurtado. Pese a ello, Bucaramanga y Cali no renunciaron al protagonista, el balón, y decidieron jugar a ras de piso. Los más afectados, entre comillas, fueron los de Mario Alberto Yepes, que salieron con Giraldo, Sambueza y Mayer, tres futbolistas que gestionan la pelota diferente pero que igualmente la necesitan para exponer su fútbol. E independientemente de la situación, el Deportivo Cali en 15 minutos desplegó su talento, generando dos ocasiones clarísimas de gol e imponiendo el comprobado asedio ofensivo de los últimos partidos en, repetimos, una cancha que no se prestaba del todo.

Cataño emergió en un momento inestable para lo suyos

No obstante, apareció la figura de Daniel Cataño, ausente a lo largo del semestre entre lesiones y pobres presentaciones. Vale que la irregularidad de un enfrentamiento a otro marque sus condiciones futbolísticas, pero ayer Cataño rozó en el primer periodo una actuación que parecía ser lo siguiente a fútbol. Sin serlo definidamente, el mediapunta mostró ser un futbolista de elaboración constante, con control de juego y sapiencia para leer los distintos partidos que presenta el mismo. Además, sin desunir técnica de paciencia, sorteó las presiones, las vallas en la divisoria y los repliegues del Cali.

La reanudación trajo consigo la anotación de Lloreda, el efímero bajonazo anímico leopardo –recibió gol en la única desconcentración defensiva– y las gestiones de campo desiguales entre Torres y Yepes. Mientras Flabio acertó modificando el sistema, prescindiendo de un lento y errático Nicolás Palacios y sumando desborde interior con Máicol Balanta, Yepes erró garrafalmente reemplazando a Mayer Candelo y José Lloreda, los encargados de reposar el ritmo e incomodar la salida rival respectivamente, virando el trámite a favor del local.

Asentado el nuevo tipo de partido, la última media hora se fundamentó en una segunda figura, la de Mauro Guevgeozián. Sobre el papel no era tarea sencilla para el uruguayo vérselas con Aquivaldo y Mera, pero el ‘9’ dominó el área desde los aires. Como su cuerpo y poder de amenaza indican, cada pelota con dirección hacia Guevgeozián tenía un repetitivo final: disputa aérea ganada. Tres fueron los duelos completados exitosamente, con dos cabezazos y una gran definición tras dormirla de pecho. Así pues, el resultado final pudo llegar hasta no sorprender, ya que el Atlético Bucaramanga está coronando un semestre de ensueño practicando un fútbol identificativo.

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