La inminente despedida de Ayron del Valle de América de Cali a mitad de año imponía en la punta de ataque del conjunto escarlata una incógnita marcada respecto al futuro integrante de la parte ofensiva. No era fácil hacer olvidar el poder anotador del saliente delantero. No obstante, la llegada de Hernán Torres trajo consigo incorporaciones fiables que, dentro de todo, contemplaron la figura de un 9 potente, astuto, rudo, pero, sobre todo, perseverante: Cristian Martínez Borja.

El delantero chocoano arribó a la Sultana del Valle en donde su actuar futbolístico no era muy recordado debido a su poca participación y figuración en el rentado nacional. En América de Cali le tuvieron que esperar hasta que su documentación estuviese en regla para poder actuar vestido de rojo. Acción que, como si fuera poco, tuvo que vivirla ante Deportivo Cali en Palmaseca. Aquel día el momento en el que debía aparecer no era nada agradable: la sed de gol había que calmarla y todas las miraban lo perseguían.

No es el redentor pero su sermón futbolístico es sugerente

Cristian Martínez Borja destaca en lo futbolístico por su constante intervención positiva en el desarrollo del juego. Pese a que no posee gran agilidad en el trato de la pelota, su incesante dentro-fuera (en referencia al área) dibuja líneas de pases continuas que se convierten en una descarga inevitable. El balón le busca con la esperanza de que el ataque tome algún tono de peligro, ya sea por medio de sus apoyos para ganar profundidad, exhibiendo su energía física con conducciones que resultan imparables o aguantando el balón para luego depositarlo en un compañero que cae al espacio generado gracias a su transitar. Es consciente de dónde, cómo y por qué debe moverse manejando el último cuarto de cancha con una solvencia impecable, pues así es como puede erigir en receptor y asistidor, y también puede ser quien dé vida a la emoción del gol.

Sacarlo de los últimos 25 metros es impedir que su fútbol florezca

¿Por qué en cuadrangulares no se ha visto su mejor versión? ¿Qué sucede con Borja para que no sea el mismo del todos contra todos? Debemos apuntar que Hernán Torres ha hecho que su presencia conviva con Ernesto Farías, delantero letal con el que no ha establecido una relación adecuada para forjar dinámicas complementarias que maximicen la influencia de ambos sobre el gramado. Esto, dicho sea de paso, ha llevado a Borja a una adaptación que demanda un trabajo extenuante como es el de la construcción, impulsándolo a zonas en donde su desarrollo merma al tener que asumir lecturas de alta exigencia para las cuales aún no está totalmente preparado. ¿Jugar con Farías le hace menos aprovechable? No del todo, pues ha resistido a un rol que no le beneficia demostrando rendimientos valorables. Aunque es muy revelador que sus mejores actuaciones coincidan con la ausencia del argentino.

El oriundo de Quibdó se ha mantenido en la titularidad gracias a su sobriedad y firmeza. Pese a que la función que se le encomienda no explota sus mejores virtudes, su desempeño favorece la hiperactividad de Jeison Lucumí y Brayan Angulo, que han encontrado en el chocoano un arma ideal para jugar de cara a portería e incidir. Martínez Borja es el sostén que permite al equipo poder caminar sin tropezar cuando tiene el esférico en su poder. El delantero suministra un sosiego que contrasta con la revolución emanada por sus compañeros. Ejerce de ancla cada que la pelota llega, dando tiempo-espacio a que sus compañeros mastiquen y decidan cuál es la mejor vía. Cosa que de niño Cristian Martínez Borja ya solía hacer, pues junto a su padre, navegaba el Río Atrato con la ilusión de buscar tierra que luego vendía como material de construcción. Esta tarde deberá zarpar, con el mismo deseo, rumbo a adueñarse de una tierra prometida hace 5 años: el ascenso.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *