Durante el proceso Eliminatoria 1998-2002, la selección argentina arrasó. El equipo de Bielsa era una máquina de jugar al fútbol y pasó por encima de la Eliminatoria sumando 43 puntos en 18 fechas. Para dar perspectiva, en las otras fases Eliminatorias bajo el sistema actual, los líderes de cada una sumaron 30 (Argentina, 1998), 34 (Brasil, 2006 y 2010) y 32 (Argentina, 2014). Aun así, siendo súper favorito a llevarse el campeonato del mundo disputado en Asia, Argentina se fue a casa en primera ronda. ¿Cuál fue la mayor crítica que se le hizo al adiestrador rosarino? Que en ningún momento puso a jugar juntos a Gabriel Omar Batistuta y Hernán Crespo, seguramente dos delanteros que estuvieron en el top 10 del lustro.

En aquella época, jugar con un solo atacante sobre los centrales era una anomalía. Los sistemas que le apuntaban a la explotación de una pareja de 9s o la de un delantero centro y un segunda punta estaban en boga. Los dúos de delanteros eran tan famosos como lo son hoy los tridentes y también recibían nombres curiosos como los aclamados Ro-Ro, por Romário-Ronaldo, y Sa-Za, por Salas-Zamorano, referencias de clase mundial de las selecciones sudamericanas. Con el pasos de los años, no obstante, la figura cayó no sólo en desuso en favor de sistemas con un solo delantero, sino que el delantero centro rematador puro comenzó a verse como una figura de carácter exótico a la que los equipos no sabían realmente como explotar apropiadamente. El resultado es que a nivel mundial la figura del 9 ha comenzado a escasear: de hecho, las poderosas generaciones alemanas y españolas de la última década, en sus puntos más álgidos, han terminado por no tener referencias ofensivas clásicas en sus alineaciones.

Colombia, por su parte, ha vivido relativamente ajena a este proceso. La producción de delanteros centro en los últimos diez años ha sido boyante, encabezada por un Falcao demoledor. Por tanto, mientras el resto de selecciones top mantuvieron sistemas que integraban uno o ningún 9, y en algunos casos se trataba de futbolistas de un nivel inferior a la media del equipo, nuestra selección ha tenido en la figura uno de los puntos neurálgicos de su fútbol. En los mejores momentos de la era Pékerman, Falcao y Teo se erigieron como pareja titular y crearon una sociedad que los hacía brillar no sólo a ambos sino a todo el equipo. Reconstruir eso ha sido altamente complicado y en los últimos meses Pékerman ha optado por un 4-3-3 o 4-2-3-1 con Bacca en punto y, curiosamente, Muriel tirado a una banda. No ha terminado de funcionar.

La producción de delanteros en el país no se detiene

Para esta fecha Eliminatoria, Colombia parece virar nuevamente a un sistema de dos delanteros, teniendo en cuenta la proporción y calidad de los nombres citados. El regreso de Falcao y su actual momento de forma, con cinco goles en sus últimos cuatro partidos, lo hacen favorito para ser inicialista mañana ante Chile y que lo hará con un acompañante en el frente de ataque. Uno de los que suena es Miguel Ángel Borja y sus casi 40 goles en lo que va de 2016. Dado el fallido intento de adecuar en su momento la pareja Falcao-Jackson, cabe preguntarse si Radamel y el chico estrella de la temporada son realmente compatibles como pareja ofensiva.

La respuesta corta es sí. Los grandes futbolistas suelen acomodarse y estos dos los son; sin embargo, el cómo podrían acomodarse requiere pararse a pensarlo. Falcao y Teo congeniaban perfectamente porque el barranquillero era un futbolista al que le gustaba caer a banda, salir de zona de referencia y asociarse, mientras el samario se sentía cómodo siendo la referencia principal. En este caso, tanto Borja como Falcao gustan de moverse por los mismos sitios y realizar movimientos similares: apoyos de espaldas, fijar centrales, movimientos de rupturas… todo sobre el mismo carril central. Eso, a priori, genera un problema idéntico al de la fallida sociedad Falcao-Jackson. Sin embargo, en la historia del fútbol la respuesta a esta disyuntiva siempre estuvo marcada por dos soluciones paradigmáticas: dividirse alturas y funciones por espacios cortos de tiempo, es decir, mientras el uno fija, el otro baja al apoyo y viceversa; u optar por lo que Brasil hizo en 1997 cuando juntó al ya veterano Romario con el joven y espectacular, pero verde Ronaldo: pedirle al más experimentado que fuese el que tomase más responsabilidad en la construcción de juego, dejándole al más joven el trabajo sobre centrales.

Borja y Falcao sí serían compatibles, aunque no como Teo y Radamel

¿Está Falcao preparado para ello? Su fútbol siempre contó con eso. En su juventud, solía realizar ese trabajo y de hecho tiene un pasado como enganche que le ayudó formarse asociativamente lejos del área. Hoy día, en Mónaco, está usando su sabiduría para incluso tocar el balón en su propio campo. La compenetración con Borja, entonces, no se ve tan complicada: juntos podrían volver a darle a Colombia el súper poder que la convirtió en selección referencia: el volumen de ataque. Pékerman debería intentarlo.

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