Muriel atraviesa un cambio a nivel posicional y funcional respecto al chico que, en sus primeros pinitos, dejó luces a Ronaldo Nazário. En este momento, el tomasino es un atacante más relacionado con la banda, en trasladar la pelota, cambiar de ritmo y leer los espacios como prólogo a desbordar. Dicho esto, llega con muchísima energía al vértice del área o a la misma y su toque final, por razones patentes, no tiene el acierto que mostró con 20 años de cara a portería. Sin embargo, esas características que ha sabido explotar jugando sobre la cal se pueden adaptar o matizar al carril central, donde puede tanto recordar como demostrar aquella magia de antaño.

Quizá pueda existir una diferencia de altura en la intervención, pues con Bacca, Borja y Falcao opcionados a la posición de ‘9’, su rol a ocupar en el ataque de la Selección radicaría en la segunda punta. Y es allí donde esa recepción, ese movimiento o ese toque cobra(ría) un significado distinto. No obstante, Muriel ha transmitido a lo largo de su carrera un aroma mágico entre líneas. Y ese idilio jamás se olvida. Lo más probable es que en transición deba derribar todo lo que se le atraviese, en estático tenga que mezclar registros y de espaldas enseñe perfectamente qué hacer, pero por dentro y cerca al gol conocimos realmente al temible Luis Fernando Muriel.

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