América de Cali se presentaba en el Estadio Centenario de Armenia frente al primer peldaño de una escalera que ya hace 5 años intenta ascender. Los interminables tropiezos ante cada oportunidad de trepar quedaban triturados para dar paso a una nueva ilusión y ansiado anhelo; cuestiones que tienen fijadas como una misión en la cual buscan ser exitosos valiéndose del mismo empeño de quien arma un rompecabezas en medio del drama de un teatro. Un teatro en donde las luces se prenden y apagan haciendo de cada paso sobre el tablón un desafío.

Hernán Torres se aferró al tren de jugadores que expuso un rendimiento adecuado en el segundo semestre para visitar a Deportes Quindío. El entrenador americano configuró un 4-2-2-2 que contemplaba en punta dos delanteros insaciables (Borja-Farías), formaba un mediocampo con características de todo tipo y articulaba un cuadro defensivo de amplio recorrido. Por su parte, José Eugenio ‘Cheche’ Hernández diagramó un 4-1-4-1 en el que, a priori, retumbaba el nombre de Damir Ceter: delantero capaz de causar apuros sin dar respiro. Y oxígeno sí que le iba a faltar al juego de América de Cali -sobre todo en los primeros 45’ minutos-.

América estuvo en el limbo en el primer tiempo

Lo cierto fue que América no se posó casi nunca sobre el terreno de juego en la primera etapa del compromiso. La extrema presión, el eco de la etiqueta de favorito, la insistencia de la palabra obligación, sumados al frenesí del rival carcomieron la seguridad de los futbolistas a quienes les costó toneladas triangular, construir y desenvolverse con el balón. La propuesta futbolística del cuadro escarlata dio tumbos que reflejaron una desorientación colectiva depresiva. Deportes Quindío, en medio de su emotividad, tomaba por favorable combatir más que jugar. Resultaba provechoso volver loco a su rival, llevarlo a su terreno, marearlo. Esto soportado por un despliegue físico abrumador, llegando a cubrir cada espacio del terreno como si el mundo se fuese acabar. Reduciendo las ventajas y encadenando el juego de su oponente.

Pese a que los rojos vivieron su mejor momento en la etapa complementaria, no contaron con un juego dominante para vulnerar al Deportes Quindío

Las opciones de gol no abundaron, al igual que el espectáculo. No obstante, el segundo tiempo se presentaba en el horizonte como una puerta por la cual se esperaba ingresaran las emociones. Aunque no resulto así, la transformación en la ejecución del plan de América de Cali fue evidente. El ingreso de Brayan Angulo permitió a los jugadores familiarizarse con la pelota, haciendo emerger de forma tenue el rastro futbolístico de antaño. Sin embargo, el juego no terminó por consolidar el rigor necesario para que surgieran ocasiones de gol, privando de posibilidades a delanteros letales como Borja y Farías; quienes terminaron a la deriva, siendo prácticamente huérfanos debido a la poca producción en ofensiva.

Un craso error condujo al primer desliz

Deportes Quindío se vio afectado por el desgaste consecuencia del tremebundo esfuerzo. Los de Cheché Hernández apostaron por replegar y aprovechar el juego directo, las transiciones y la táctica fija para el cierre del cotejo. Resistieron el compromiso hasta la imprudente acción de Carlos Bejarano en el área que terminó concediéndoles un tiro de pena máxima que asumió Damir Ceter con criterio y valentía. El guardameta se equivocó siendo víctima, quizás, de la errónea idea de jugar a vida o muerte, del todo o nada, dejando como resultado la primera caída de los suyos en la recta final. ¿Podrán alterar el statu quo? Recursos existen, veremos de qué forma y cómo se emplean.

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