Giovanni Hernández fue testigo durante mucho tiempo del inclemente calor que suele rodear al Roberto Meléndez. Degustó y pudo divertirse sobre el gramado cada vez que las luces se encendieron. Absorbió los rayos solares para dar impulso a cada toque que salía de sus botas. Consumió la humedad que emana de la arenosa para hacer germinar goles. Fue, sin más, un hijo de curramba que montaba carnavales cuando su antojo futbolístico se tornaba imparable. No obstante, hoy Atlético Junior está frente a un clima que sofoca sin cesar.

Cuando James Sánchez pudo ingerir, Junior se desabotonó la camisa como aquel citadino que respira profundamente cuando va al campo

Sin ser invitado, el momento crítico hizo parte de la gala en el duelo contra Chapecoense. Sobre todo en el primer tiempo donde a Atlético Junior se le vio tenso en cada combinación que quiso llevar a cabo. Intranquilo, presentó dificultades para mover la pelota frente a un rival disciplinado y que comprimía espacios. No se podía desbordar, la circulación carecía del ritmo necesario para desacomodar la estructura de los brasileños. Todo esto se iba a desmoronar con la contingencia de Toloza y el posterior ingreso de Escalante, quien dio vida al ataque constituyéndose en una descarga permanente para James Sánchez; hasta ese momento atado, impedido.

La entrada de Leiner Escalante transformó el partido dando al juego del tiburón mayor electricidad, descaro y determinación, siendo una acción suya la que, dicho sea de paso, termina por dar la única anotación del compromiso.

Poco y nada mostró el equipo brasileño en esta ida

Lo de Chapecoense fue escuálido. Los de Santa Catalina exhibieron una propuesta que no inquietó ni causó problemas a Sebastián Viera. Estuvieron irresolutos e imprecisos en las pocas acciones con las que contaron. En el tiempo complementario contaron con un tramo tolerable concedido por su rival que se retrasó en el campo, permitiendo así la influencia de Cleber Santana; capitán de un barco que extrañó la compañía de sus tripulantes.

Atlético Junior terminó alarmado por los retiros de jugadores primordiales en su juego

Atlético Junior intentó ser punzante sobre la última media hora del compromiso. El vocero futbolístico: James Sánchez. La seguridad en sus pases permitió al conjunto rojiblanco creer en un nuevo festejo que se desvaneció en el horizonte cuando el apartado físico pasó factura, primero al volante, y luego a Roberto Ovelar. Las ausencias marcaron rotundamente el devenir del cotejo pues la generación de peligro en área rival mermó drásticamente. Cosa que agradeció Chapecoense, de espesa presentación.

Ahora Giovanni y sus dirigidos se desplazarán a tierras brasileñas en donde aspiran tener una presentación que les dé el boleto para seguir recorriendo un camino en medio de un contexto hostil al que, por ahora, sobreviven.

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