Es la lira de Orfeo
Enamorando hermosas mujeres
C
on sonidos que vienen de cauces
Donde el agua purifica los pies

Se presenta en animales
Por allá en el río de la plata vi un León Pincharrata
Y en donde la Reina me presentaron un zorro

Cuando de humanos hablamos
Hubo un narigón
Al que se le veían las manos y la cara
Llenas de tiza

En este planeta de cal
En este recuadro de recuerdos
Los sonidos vienen de sonajeros
Que se tocan con el pie
Y en que la mística solo conoce de pocos.

Allá en el Defensores del Chaco, hace ya más de 80 años, el ejército paraguayo se reunía antes de salir a la guerra que los enfrentaba contra los bolivianos. Limpiaban sus armas, hablaban en camaradería y soñaban una y otra vez con las vicisitudes de la guerra. Allá en ese estadio de fútbol, donde han caído grandes sudamericanos a merced de un balón, donde los soldados contaban historias de sangre alrededor de fogatas, la Selección Colombia entiende de mística.

La mística no es una cosa cualquiera cuando de fútbol se habla; hace parte del argot futbolístico y está ahí de la mano con las cábalas. Porque el fútbol es un mundo mitológico, de batallas y mezquindades puras de dioses y humanos.

Colombia es mística en Paraguay. No pierde en Asunción desde el año 2002, en ese día paradójico en el que lo sometió y le ganó por cuatro goles, pero que a falta de un gol, igual, se quedó por fuera de la Copa del Mundo de Corea y Japón. Lleva más de cuatro Eliminatorias robándose el botín de los paraguayos, aunque, es cierto, en tres ocasiones se convirtió en gigante cuando ya no servía de nada.

No hay duda de que el clima que envolvía los cuatro enfrentamientos anteriores era totalmente distinto al que habrá este jueves. Colombia y Paraguay están en la disputa certera de un puesto para ir a Rusia. Y es ahora, cuando la Eliminatoria está pasando por uno de los momentos más importantes, en que Colombia tiene que salir sabiendo que en Asunción no entiende de derrotas.

El escenario, además, se presenta para que la tricolor haga, de nuevo, alarde de grandeza. Las ausencias tanto de James Rodríguez como de Daniel Torres la ponen en el papel como un equipo frágil. Por una parte, pierde a su general, al 10, al que cuando peor están las cosas siempre aparece. Por la otra, sin Torres, Pékerman tendrá que pensar muy bien quién acompañará a Carlos Sánchez para que no suceda lo mismo que le pasó contra Brasil en la fecha pasada.

Tendrán que volar, tendrán que batallar, tendrán que sudar, tendrán que sangrar. Los paraguayos, mientras tanto, tendrán que enfrentar una bestia, que sin darse cuenta, ellos mismos construyeron. Así las cosas, José Néstor Pékerman tendrá una noche donde dioses y humanos verán de cerca los poderes oscuros de fuerzas que no conocen, como aquella Lira de Orfeo, con la que bajó al infierno para enamorar a Eurídice y dormir a Can Cerbero.

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