Alexis Pérez ya es una certeza en el fútbol colombiano. Había preguntas, no dudas, sobre las condiciones del barranquillero, pues por lo que más destacaba era por su juego de pies, marcando también diferencias pero en menor proporción en funciones estrictamente ligadas a su puesto. Sin embargo, este segundo semestre ha sido la confirmación de su fútbol: un central que permite sostener todo lo que esté a su alcance. Y lo que parece estar a su alcance es algo a grado sumo. Anoche, en el Manuel Murillo Toro, se vistió de central, lateral y segundo pivote, tanto en disposición como en técnica.

Pérez no necesitó más que abrirse dos pasos, subir los mismos y ocupar tres funciones. A su fútbol le da lo mismo salir jugando pegado a la banda o centrado porque, en definitiva, crea la ventaja que más incrementa la jugada. Su pase largo, su zancada o su desmarque desde posiciones atrasadas; tres recursos que alimentan potencialmente un ataque posicional desde su salida de balón. De lateral corrector, Alexis se destapó como portento físico, que le permitió abortar avances rivales en la vulnerable zona de Gutiérrez. Y como supuesto segundo pivote reunió lectura y ejecución, fuese para adelantarse a la jugada o para darle una altura superior a la posesión. Así pues, Alexis Pérez hizo de la primera semifinal de la Copa Águila totalmente suya. El 0-0 se explica por una sencilla razón: no es goleador, es defensor. De serlo, hablaríamos de ciencia ficción.

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