La situación no alentaba a pensar que, en el corto tiempo, se difuminara el sinsabor de no contar con la presencia de un enganche tradicional que despertara admiración en Deportivo Cali. Sólo los recuerdos llenaban ese vacío cada vez más profundo. ¿Tanta decepción no podía arrancarse? El silencio aflige y es aturdidor. No obstante, una voz tenue inundaba y conmovía los sentidos.

Todo al final termina por llegar. Aunque se tarde, siempre habrá un espacio para que las cosas se acomoden en su lugar. Hace poco nos preguntábamos cuándo iba a aterrizar un 10 en la comarca del equipo verde del Valle que otorgara distinción al juego con la pelota en poder. Ante esto, hubo alguien que alzó el pulgar y se pronunció: Mayer Candelo volvía a Deportivo Cali luego de una larga estadía en otros territorios. Era un amor anhelado, deseado. Estaba buscando poder regresar con el ánimo de sentir de nuevo la pasión que brinda enfundarse la camiseta que lo vio nacer. Sintió recorrer por cada parte de su cuerpo la sensación desprendida de aquella frase de que “todo hijo pródigo vuelve a casa”.

Su retorno, como no puede ser de otra manera, engendra ilusión. Ya parece haber agua en el desierto con el regreso de Mayer Candelo pero, para que exista un oasis permanente, el anhelado ‘17’ debe disfrutar, recrearse. El rectángulo verde es su hábitat, nació para ello. El equipo agradece cuando juega, pues la magia hace de las suyas porque, al final, es imposible resistir la sonrisa de Mayer Candelo.

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