La eliminación de Independiente Santa Fe de Copa Sudamericana empezó a cocinarse en agosto, cuando su lateral derecho partió con destino a Uruguay. La sola ausencia de Sergio Otálvaro ha dejado un vacío difícil de llenar para el equipo de Gustavo Costas, y ante Cerro Porteño mostró una cara totalmente ajena al equipo campeón de la Sudamericana en 2015.

Y es que Sergio Otálvaro, como defensor, es un gran atacante. Su capacidad individual y asociativa significaron siempre un amplio abanico de posibilidades en salida para Santa Fe. El expreso lograba jugar en campo contrario con naturalidad porque su banda derecha iba sobrada en recursos y creatividad. Aquella era una forma de defender. Su forma de defender.

A falta de alguien que siquiera intente las cosas que hacía Otálvaro (esto es, plantar al equipo en campo rival), Gustavo Costas se resignó a aguantar ahí donde se aguanta cuando no queda de otra: en el área. Así las cosas, el entrenador argentino pasó a la cacareada línea de 3 atrás, sumando un efectivo en la vigilancia del área. Sumar una pieza en defensa implica restar una pieza en el medio. Así como el esquema puede traer efectos positivos, la noche de ayer expuso el talón de Aquiles del sistema cardenal actual.

El juego ante Cerro Porteño dejó en evidencia el punto flaco del sistema de Santa Fe

La intensidad habitual de Yeison Gordillo y Juan Daniel Roa no fue suficiente para sostener el medio. El doble pivote no sólo debía cubrir muchos metros, pero también muchos atacantes paraguayos. Verlos desplazarse de su zona, perder rebotes y caer ante la presión rival fue la constante del encuentro. Sumado a esto, el grado de inspiración de los centrocampistas de Cerro Porteño, que siempre jugaron de cara a Rufay Zapata, y la leonera del Defensores del Chaco, que rugió como nunca, hacían aguas la defensa del equipo de Costas.

Como agravante quedó la poca generación de peligro en el área paraguaya. El rodear a Humberto Osorio Botello más allá del envío en largo u obligarlo a salir de su zona de influencia sigue siendo el gran debe de la segunda era de Gustavo Costas en Santa Fe. El valduparense ha de servir de medida en lo que queda del semestre: cuanto más entre en el juego, mayor claridad tendrá el presente gris del expreso.

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