Sebastián Pérez lleva varios años ya dando de que hablar en el fútbol de Colombia. Todos los entrenadores que lo tuvieron como joven promesa, salvo Osorio, demostraron pasión por sus condiciones. Su formación fue la de mediocentro; sus sueños, también. Pirlo, Xabi Alonso, Gago, Banega, Busquets… A Pérez se le ilumina la cara cuando habla de sus ídolos. Sebastián cierra los ojos y se imagina a sí mismo, melena al viento, erguido y cabeza levantada, mandando en el círculo central con el poderío de un gigante. Aunque quizás no lo sepa porque estaba muy pequeño cuando Redondo estaba en la cúspide, su sueño es ser el centrojás legendario del Real Madrid. Trabaja para ello: pinta, manerismos, ego. En su corazón, Pérez es un mediocentro de los del mito. Su fútbol, sin embargo, dice otra cosa.

Desde los dieciocho, cuando acompañó a la generación James siendo menor que ellos, Pérez empezó a cultivar una carrera que lo llevaría al destino que considera inexorable para sí. Mediocentro. Capitán. Líder. Sin embargo, realmente nunca demostró que su juego tuviese las condiciones de los hombres que admira: su lectura defensiva es lenta, deficiente y errada; su técnica, en ese sentido, es igual. Pérez no sólo no logra ser consciente de lo que pasa a su alrededor cuando su equipo defiende, dejando espacios sin cubrir y facilitando jugadas ofensivas del contrario, sino que a la hora de meter el pie es aparatoso y tosco. Lo hace a destiempo y con demasiada energía mal enfocada que provoca faltas. Por otra parte, aunque tiene coraje y personalidad, con balón adolece de la creatividad y la sabiduría de un mediocentro como los que él quiere ser y, cuando lo intenta, su fútbol es demasiado lento y termina convirtiéndose en inocente.

Aunque su voluntad es la de ser Fernando Redondo, su fútbol es otra cosa

No obstante, el caché que ha ganado a lo largo de los años no es gratuito. En Sebastián Pérez hay condiciones para brillar como mediocampista. Y es que Pérez tiene técnica. Su pie juega como el de un europeo si su equipo no lo trata como un regista: esto es, cuando Pérez no intenta marcar el ritmo, sino que este se lo marcan a él y se le pide que juegue a varias marchas más de lo que él quisiera, el interior de su bota derecha responde con muchísima naturalidad: pases tensos, con intención de juego y que resultan adecuados al ritmo exigido. En ese pase, Pérez llega a ser realmente bueno, no así cuando intenta jugar con el exterior o con el empeine, pues su golpeo ahí resulta todo lo contrario. Su poder está en ese interior derecho, tanto así que su pase largo, normalmente débil y sinuoso, mejora cuando la jugada le da la oportunidad de ejecutarlo con su superficie favorita.

Pero sobre todo, Pérez destaca por tener un físico superlativo: tiene una resistencia altísima. Esfuerzo tras esfuerzo, Pérez nunca descansa. Por eso sus mejores partidos han sido cuando ha podido dar rienda suelta a esa virtud, yendo y viniendo, tocándola mucho o poco dependiendo del partido, pero con participaciones breves. Quiere ser mediocentro de escuela, pero sus condiciones son las de un interior derecho volador y continuista. De Premier League. Su futuro y éxito estará marcado por la comprensión de esa realidad. Entre ser lo que quiere ser y ser lo que puede ser, Pérez tendrá que escoger la última. Si lo hace, hay un futbolista capaz de muchas cosas.

One comment

  1. En la última tanda de partidos de eliminatorias lo entrevistaron y dijo que su posición ideal era «8». Que se sentía mas cómodo cuando podía subir y bajar

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